El personaje del año

El personaje del año

Enero 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Como colofón de su obra, el Superintendente de Industria y Comercio ratificó la bien pensada maniobra que sanciona lo que él considera un atentado de la industria azucarera contra los consumidores colombianos. Tocará esperar ahora que el Consejo de Estado resuelva el asunto de innegable cariz revanchista y raro que tiene la decisión tomada por quien es considerado por algunos medios bogotanos como el personaje del año. Demostrando su poder, y dándose aires de demócrata al decir que “nadie es intocable en Colombia”, el superintendente ratificó su dictatum en casi todo su contenido. Y para demostrar su concepto de justicia, le rebajó en treinta mil millones la sanción a Asocaña. Multa descomunal que se la había asestado por que la entidad no había presentado su declaración de renta. Para el acucioso funcionario, que dice no recibir ni obedecer recomendaciones del Gobierno, Asocaña sí cometió la irregularidad de la que es acusada, formar un cartel para impedir u obstaculizar la importación de azúcar dirigida a las multinacionales, a Nutresa, a Lúker y a las fábricas de bocadillo veleño, y no al consumo masivo. Conductas que pueden ser consideradas delito pero que el fallador sólo califica como irregularidades contra la libre empresa, es decir, los negocios de los demandantes. Porque en las pruebas del proceso están los videos donde los representantes de esos demandantes queda claro que ellos no rebajarán el precio de sus productos en caso de que consigan el azúcar más barata. Claro queda que esa obligación, la de proteger al consumidor de los productos de los demandantes, en este caso no es el objeto de los desvelos de quien en sus entrevistas se siente liberado de una carga y cree haber cumplido con su deber. Volviendo a Asocaña, Robledo rebaja la multa de forma tan drástica porque era su deber reconocer el error que surge de no tener a mano las declaraciones de renta de la entidad. Ahora las tiene y parece sufrir un ataque de arrepentimiento al saber que imponía una multa que superaba en decenas de veces el patrimonio y la capacidad de pago del gremio. Es decir, reconoce su carácter de confiscatoria, la pone entre “parámetros razonables” y la lleva a “sus justas proporciones”, recordando la frase legendaria del expresidente Turbay sobre la corrupción. Y aprovecha para anular otras multas a personas naturales porque, descubrió, están prescritas. Es decir, esas personas debieron pagar abogados por un error. Y el Superintendente y su grupo de asesores cayeron en la cuenta que los hechos por los cuales usaron su poder sancionatorio ya no sirven para castigarlos. Y aprovechando que sus entrevistadores lo declaran el personaje del año, no tiene problema en afirmar que es algo menor, y que el objetivo, satisfacer los pedidos de los demandantes, Nutresa, Lúker, Nestlé, Coca Cola y demás, seguirá firme.Ante tales hechos, los Ingenios y personas sancionadas deberán pagar las multas antes de demandar la polémica y extraña decisión, que, según se dice, es una retaliación surgida de supuestos incumplimientos en aportes a una campaña electoral. Cuando el proceso termine, y en caso de que el Consejo de Estado falle desconociendo las dudosas pruebas, el Estado deberá devolver los $260.000 millones más intereses. Entonces, en caso de que el Consejo así lo considere, se verá si el doctor Robledo vuelve a ser declarado el personaje del año.

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