El guayabo

Agosto 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Hoy se terminan los Juegos Mundiales. El guayabo que nos deja una fiesta inolvidable es producido por los días y las horas en que volvimos a ser la ciudad cívica que encuentra en el deporte la mejor disculpa para mostrar cómo somos. Fueron dos semanas en las cuales las calles pertenecieron a los caleños y a sus invitados, los miles de deportistas, delegados, dirigentes y periodistas de 107 países que llegaron a Cali. Ellos se encargaron de ponerle alma y vida a unas competencias que quizás no sean muy conocidas pero llenaron todos los escenarios deportivos. Entre todos demostramos lo que somos capaces de hacer y cómo podemos superar los motivos que nos separan. Cuando se clausuren los Juegos, el balance será ampliamente favorable para Cali y para Colombia, así le duela a quienes desde Bogotá le aplicaron la sordina. Que le pregunten al presidente de la Asociación Internacional de Juegos Mundiales, Ron Frohlich. Que indaguen a cada uno de los deportistas, dirigentes y visitantes. Ellos contarán lo que vieron y vivieron. Y los que saldrán a decirle al mundo lo que somos los colombianos a pesar de nuestros problemas y limitaciones. Por desgracia, los medios bogotanos no podrán hacer lo mismo. Y no alcanzarán sus ínfulas de intelectuales con que algunos pretenden tapar su arrogancia y su ignorancia. A aquellos que encontraron en el error de las medallas la disculpa para justificar su ausencia y para burlarse de nuestra ciudad, sólo resta decirles que recuerden para siempre el rechazo y la indignación que se expresó en las redes sociales. Y que en adelante reflexionen: les queda mal, muy mal, recostarse en principios del periodismo, para justificar el que se hayan dedicado a ridiculizar lo que ocurría en nuestra ciudad y a descalificar el rechazo por su ausencia notoria. ¡Qué tal, dizque alguien quería matar al mensajero porque se atrevió a criticar la saña de las2orillas.com con Cali!Quedó claro que el lunar de los Juegos no fueron las medallas, queridas y defendidas ante todo por los deportistas que las recibieron. Y que tampoco fueron los fracasos que los periodistas del altiplano pronosticaron, tratando con ello de tapar la ausencia de los medios a los cuales pertenecen. No: la mancha, inocultable por lo notoria, fue el desdén con que se pretendió ignorar en la capital de Colombia el fenómeno de cordialidad, alegría y concordia que se produjo en Cali.Con ello se hizo evidente el fraccionamiento cada vez más pronunciado entre el centro y la provincia colombiana. Un abismo que crece porque en gran parte de los medios bogotanos que se precian de ser nacionales, sólo importa la dosis de sangre que a diario ponen los habitantes del Cauca. O el narcotráfico que tanto daño le ha causado a Medellín o a Cali. O la miseria del Pacífico y el Catatumbo. Da tristeza ver que éxitos como el que logramos con los Juegos, y la demostración de civismo de los caleños no merezcan el reconocimiento sino la censura y la burla. Mejor volvamos a lo bueno. Y cuando hagamos el balance, acordémonos de lo que hemos sido capaces de construir con nuestro esfuerzo. Pensemos que sí somos capaces de convivir con el vecino y de recibir al forastero. Eso lo hemos hecho siempre y lo podemos seguir haciendo. Por eso da guayabo que se nos acaben los IX Juegos Mundiales.

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