El fútbol agoniza

Abril 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Mientras en el Congreso se le da la puntada final a una ley que será inocua, el fútbol colombiano sigue su lenta pero al parecer irremediable agonía. Señal inequívoca de la forma en que el narcotráfico y las mañas de la dirigencia se unen para liquidar lo que en cualquier parte es motivo de unión.Da tristeza ver a los jugadores del Quindío que hasta el pasado viernes se negaban a jugar su partido contra Millonarios porque no les habían pagado tres meses de salarios. Pero no tiene ninguna diferencia con el América, donde el esplendor de las épocas en que el dinero de la mafia corría a raudales se cambió por la miseria incapaz de cumplir con sus obligaciones como empresa, usando a cambio la retórica espesa e inútil con que sus directivos cubren su incompetencia. Y qué decir del Deportivo Cali, donde los triunfos, el amor por la camiseta y la buena dirigencia fueron cambiados por el incumplimiento en el pago de los salarios, la mediocridad y los últimos lugares de la tabla de clasificación. Pobre equipo que dejó de llamar el interés de sus hinchas y de sus propios socios, transformando su bandera en girón que arrastran las tenebrosas barras bravas. Y donde los jóvenes de las divisiones infantiles y juveniles ya no piensan en triunfar en el Equipo Amado de Pardo Llada, sino en que sean vendidos a cualquier parte y de cualquier manera, en tanto los directivos sólo buscan concretar esas ventas para poder mantener la mentira. El pasado miércoles se celebraron partidos donde habían más jugadores que espectadores. Es decir, los colombianos le dieron la espalda al que fuera deporte nacional. Por eso, la inmensa mayoría de quienes sudan la camiseta no tienen con qué llevar el mercado a su casa. Muchas crónicas cuentan historias de estrellas del fútbol que deben vivir arrimados, mendigando techo y comida porque no les pagan sus sueldos.Claro que hay excepciones, como el Nacional o el Junior que tienen buen propietario. Pero hay que reconocer que ese fútbol ya no concita el interés del público. Las selecciones, que mueven masas en cualquier país, en Colombia son causa de decepción porque no le ganan a nadie, atrapadas como están en el círculo vicioso de las roscas que no permiten traer entrenadores y preparadores que oxigenen la forma de ver el fútbol y le cambien la mentalidad a jugadores de indudable valía. Los triunfos de Falcao, Rodríguez y Guarín en el Porto, demuestran el potencial del futbolista colombiano. Ellos y sus antecesores que triunfaron en Argentina y en Europa, son muestra del fracaso a que las roscas dirigentes de los últimos 20 años condenaron al fútbol colombiano. Roscas que se crearon cuando se permitió que la mafia del narcotráfico y los apostadores convirtieran a los equipos en lavaderos de dinero y a los jugadores en esclavos a los que se les ofrecen sueldos ilusorios que casi nunca se cumplen.Ahora se habla de una ley que partirá la historia. Ley que se caerá, porque el fútbol es una actividad privada que no puede ser reglamentada de manera alegre. La iniciativa, que debería darle transparencia, se convirtió en ejercicio populista para impresionar a la galería, que no salvará el fútbol pero sí legitimará los malos dirigentes y las malas actuaciones. Entonces, tendremos que seguir soportando a quienes abren los estadios a las barras bravas, tratando de llenar el espacio que dejó el abandono de los hinchas.

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