El esperpento

Febrero 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Veintisiete años de impunidad y confusión acerca del asalto al Palacio de Justicia es el legado que los órganos encargados de investigar e impartir justicia han dejado a la posteridad. Ahora, la actuación de dos magistrados del Tribunal Superior de Bogotá sólo sirven para confirmar el propósito de hacer política con la Justicia que anunció Augusto Ibáñez cuando fue Presidente de la Corte Suprema. El fallo de segunda instancia sobre la vinculación del coronel Alfonso Plazas Vega a las desapariciones ocurridas en la retoma del Palacio reafirma que es mucho lo que anda mal. Todo da a entender que el propósito no es encontrar la verdad y decidir en derecho sino producir un hecho, castigar a un militar por cumplir con su deber antes que aceptar que las pruebas no son suficientes para condenar a un ciudadano, como lo reconoció el magistrado ponente, Hermens Lara, quien se apartó de la decisión. Ese propósito aparece de forma nítida cuando los magistrados Fernando Pareja y Alberto Poveda exigen al Ejército Nacional que presenten excusas públicas en la Plaza de Bolívar. Es una exigencia de claro contenido ideológico que se hace en un juicio penal, donde sólo es pertinente resolver la situación del procesado. Y se confirma cuando se refieren al expresidente Belisario Betancur, acusándolo en un proceso en el que nada tiene que ver, y llamando a la Corte Penal Internacional para que lo juzgue. Es decir, en su intención por convertir su fallo en un deplorable espectáculo político, los autores del esperpento no tienen inconveniente en afirmar que la Justicia no opera en Colombia, que ha fracasado y no es capaz de encontrar la verdad. Y que renuncian a la soberanía consagrada en la Constitución, reconocida incluso por uno de los autores de la politización de la rama jurisdiccional, Jaime Arrubla. Antes que una demostración de ignorancia, el fallo es el uso deliberado del instrumento mediante el cual se expresa la Justicia para ignorar la esencia del asunto: la condena al M19 por el asalto a sangre y fuego a la Corte, financiado por el narcotráfico y comandado por la demencia de sus jefes. Bajo ese propósito, definir la suerte del coronel Plazas por hechos que aún no han sido plenamente demostrados sirve para desconocer la verdad mientras se ignoran los alegatos del acusado. Y lanzar acusaciones contra el presidente Betancur es un recurso para tratar de desconocer que su actuación impidió consecuencias peores. Que no dejó que triunfara el chantaje de los criminales que secuestraron y fusilaron a juristas de la talla de Yesid Reyes. Quizás el que Belisario haya impedido el triunfo del terror y el que toda Colombia le esté agradecida, es lo que no le gusta a los magistrados Pareja y Poveda. Comparto lo expresado por Rafael Nieto en su columna del domingo pasado. A los abogados que tenemos la posibilidad de escribir en un medio de comunicación se nos ha convertido en obsesión el hablar de la Justicia en Colombia. Es que esta clase de esperpentos le están haciendo un daño terrible y quizás irremediable a una actividad intelectual que debe ser noble y debe estar alejada de los intereses sectarios. Y destruyen la credibilidad en los jueces y la posibilidad de resolver los conflictos de nuestro país por los métodos pacíficos que consagra la Ley.

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