El escándalo es suficiente

Octubre 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ayer fue la Federación Nacional de Cafeteros. Ahora, el turno es para los azucareros. Hoy, Colombia está inmersa en un debate muy bien aceitado por varios medios de comunicación bogotanos. Se trata de crucificar a los ingenios mediante una resolución de la Superintendencia de Industria y Comercio, en algunos casos confiscatoria. Con ella se impondrán los que antes promovieron el desmonte de la estructura cafetera, entregándola a la competencia feroz que ponga a los cultivadores de rodillas frente a las multinacionales y a los monopolios del grano.Les faltan los ganaderos, y tendrán la moñona completa que les sirve para mostrar que somos un país moderno. Es decir, un país abierto a la en apariencia libre competencia y a la espera de que multinacionales ejemplares y respetuosas de la competencia como Nestlé, que acapara la producción de café soluble en el planeta y de otros alimentos procesados, pueda quedarse con la exportación del grano producido en Colombia. Es decir, que sea la multinacional la que fije las reglas y no nuestra Federación de Cafeteros.Claro, a Nestlé no se le puede llamar monopolio, y hay que protegerlo de los monstruos, los cafeteros, Asocaña y los ingenios, sin importar lo que eso significa para el consumidor y para el país. Y sin que se le desconozca su derecho a fijar precios a su antojo, así se reduzcan los de materias primas como el café o el azúcar. Esa es la libre empresa de la Superintendencia y de algunos ministros influyentes.Por supuesto que Nutresa, monopolio colombiano, también tiene derecho a invocar a la Superintendencia para protegerse de los azucareros, de los cacaoteros, de los cafeteros o de los ganaderos. Por eso hay que ignorar las constancias de los ingenios de Costa Rica que niegan la interferencia de los colombianos en la venta de azúcar a Nacional de Chocolates. Como hay que desconocer las compras de azúcar en Costa Rica y en Bolivia, y acusar a Asocaña de cerrar el puerto de Buenaventura para la importación de azúcar, así la decisión sea de la Dian.Se trata de privilegiar el concepto de libre empresa de quienes pretenden acabar con la protección al campo colombiano y abrir el país a los monopolios que se lucran con nuestras materias primas. Y de golpear a los terratenientes vallecaucanos, o a los cafeteros, o a los arroceros, o a los ganaderos, anacronismos que nada tienen que ver con la Bogotá moderna y omnipotente.Y no importa que en el mundo no haya un producto más protegido que el azúcar y un mercado más distorsionado que el azucarero. La misión es desmontar los aranceles en Colombia y darle un golpe certero a la agroindustria. Por eso hay que acusar de delincuentes a los integrantes del Fondo de Estabilización del Precio del Azúcar, Fepa, empezando por el Ministro que lo preside.Claro, hay que ser prudentes. Por eso es mejor no sancionarlos, así como abstenerse de presentar las denuncias penales que deberían ser instauradas por los funcionarios que engendraron la resolución y tuvieron conocimiento de los delitos. Esa sería su obligación legal.Pero no, ya no es necesario. Basta con poner a la agroindustria de la caña de azúcar en la picota pública, con la ayuda de los locutores bogotanos. Con ello le prestarán un gran servicio a las multinacionales Coca Cola, Bimbo, o Nestlé. Y a Nutresa, claro está. No importa que, como va a ocurrir, se caiga su resolución por ilegal. Con el escándalo es suficiente.

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