El enemigo

Agosto 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

A nadie le quedan dudas ya sobre las intenciones del presidente Juan Manuel Santos con respecto a su reelección. Pero no parece claro para el Presidente y para quienes pretenden convencernos que los equivocados son los demás, cuál es el verdadero enemigo de su aspiración.Dicen que es Álvaro Uribe, quien apenas abandonó la Casa de Nariño le declaró la guerra a su sucesor. Aunque Uribe es el contradictor de más peso, se sobreactúa en ocasiones, descargando toda clase de acusaciones y sospechas, lo que empieza a hacer mella en su campaña para crear un partido antisantos, como creó el partido prouribe que fundó Santos. Pero parece que la estrategia de ahora es devolver cada ataque con una descalificación, generando el rechazo de quienes están agradecidos de corazón con el expresidente. Ese no es. El que está de moda es el primo Francisco, quien también ha desatado una campaña basada en criticar todo lo que hace su pariente. No obstante, quien le da más importancia es el presidente Santos. Con sus insultos (“tiene sida en el alma”, le dijo esta semana), lo está convirtiendo en víctima del poder distante y al parecer desesperado. Lo que, por otro lado, está alejando el debate de lo que de verdad les interesa a quienes votarán el próximo mayo. Ese tampoco es. Sigue la ineptitud de muchos en su gobierno para vender lo que se está haciendo. Sin duda hay bastantes cosas buenas que mostrar. Pero tener tanto bogotano que sólo le interesa hablar bogotano para bogotanos, es costoso. Y mientras las cadenas radiales y los periódicos entregados al gobierno pretenden crear cortinas de humo y destruir a sus contradictores, los ministros, con pocas excepciones, hacen gala de un soberbio desconocimiento del país. Por eso Santos tiene que echar mano de Angelino para que le arregle sus problemas. Otro que tampoco es.Llegamos al desespero que parece apoderarse de la campaña reeleccionista. Ya se llevaron al general Naranjo y tienen a Vargas Lleras, lo que eliminó posibles rivales. Pero la verdad es que se nota distante y perdida, mientras el presidente recurre a Ernesto Samper, el elegido con la plata del narcotráfico y el más desprestigiado de los políticos colombianos, para que le salve la plana en el Catatumbo, donde le midieron el aceite hasta el fondo. A pesar de todo, ese tampoco es. Al final está la miopía de quienes ven sólo lo que quieren ver. De los que piensan que un presidente de la República insultando a su primo consigue remontar las encuestas y han encontrado en la persecución a todo lo que huela a Uribe la estrategia ganadora, cuando el país espera que le hablen de cerca y lo escuchen. De aquellos que no han sido capaces de convencer a la gente para crear la verdadera unidad nacional y se dedicaron a fomentar la división entre buenos, los que tragan entero, y malos, los que piensan distinto. Y están las Farc y el proceso al cual le apuesta el Presidente como su carta ganadora. Ese proceso que sólo ha servido para que la guerrilla amenace al país, así la Fuerza Pública los tenga más acorralados que nunca. Y para devolverlos al escenario político cuando su barbarie, su cinismo y sus atrocidades las habían condenado al ostracismo. Sumados la miopía, las Farc y el proceso, esos sí son el enemigo del presidente Santos.

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