El ejemplo de Hadad

Mayo 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Cuando decidió aceptar el nombramiento que le hicieron como Secretario de Tránsito y Transportes de Cali, Alberto Hadad estaba a la cabeza de un gremio agrícola del Valle. De ahí saltó, o mejor regresó, a la aridez del servicio público, renunciando a la tranquilidad que se había ganado en su vida de empresario. Fue entonces cuando apareció en las calles con su estilo particular, vehemente y decidido. “Se acabó el recreo”, dijo. A partir de allí fue común verlo organizando el tránsito y dando órdenes. O imponiendo sanciones a quienes cometían infracciones, sin importar si eran sus amigos o familiares. Todo el mundo empezó a sentir que la ley y las normas son para cumplirlas si queremos tener una ciudad organizada y vivible. Por eso, y en breve tiempo, la de tránsito pasó de ser la entidad que multaba y no cobraba a una secretaría con presupuesto y recursos efectivos que sirvieron para señalizar toda la ciudad, para duplicar el número de guardas y para empezar a meter en cintura el caos del transporte. Aunque siempre fue notoria la impaciencia de Hadad con sus compañeros de gabinete por su afán de actuar con rapidez, él fue pieza fundamental en el cambio que empezó a experimentar una comunidad acostumbrada a ignorar las reglas que fueron creadas para hacerla vivible y defender la integridad de los peatones, usuarios y conductores.Y sin preámbulos respaldó a los Guardas de Tránsito. Y multiplicó las fotomultas, cámaras que se convirtieron en enemigos de los conductores acostumbrados a burlarse de la ley. O sea, de casi todos los conductores caleños. Tan importante fue la implantación de esas cámaras que hubo hasta tutelas exigiendo que se desmontaran porque violaban los derechos fundamentales. Fue la demostración de que muchos consideran derecho fundamental el desconocer la ley. Y enfrentó con decisión el transporte pirata, lo que le valió reacciones muy parecidas a las que recibió cuando enfrentó el desorden de quienes, perteneciendo al estrato seis, hacían tabla rasa de las normas. O de los motociclistas que creen que para ellos no hay normas. O de los transportadores que hicieron de la competencia al MÍO un gran negocio mientras seguían como socios de los operadores. El resultado está en el orden que rescató la ciudad y en el milagro que es ver a los conductores de motos y automóviles respetando las cebras y los semáforos. Todo eso lo hizo Hadad en dos años y cinco meses. Como nos acontece a todos los seres humanos, Hadad cometió errores. También es cierto que falta mucho por acabar de crear una cultura ciudadana que acepte las normas como herramienta para la convivencia y no como rey de burlas. Pero Alberto hizo algo más importante: nos dio ejemplo al renunciar a la seguridad del sector privado para trabajar por el progreso de Cali. Alberto Hadad se retira de la Secretaría de Tránsito luego de una labor fecunda para su ciudad. Por supuesto que deja problemas y no pocos descontentos con su labor. Pero no hay dudas de que la mayoría de los caleños, aquellos que debimos pagar multas, quienes creen que se le fue la mano y los que desde afuera dicen que el tránsito en Cali ha cambiado para bien, existe el reconocimiento por lo que hizo por su ciudad. Por eso, como ciudadano de Cali me atrevo a decirle una sola palabra: Gracias.

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