El día esperado

Octubre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Cuando se cuenten los votos por el sí y por el no, nos daremos cuenta de hasta dónde han llegado las cosas. Y empezaremos a ver la cantidad de elementos que quedaron sin respuesta a pesar de la intensa campaña para hacernos creer que empezó un nuevo país reconciliado y en paz. Con la victoria que se espera por el sí sabremos al fin cuándo es el mentado día D o del desembarco, como bautizaron los aliados antinazis a la invasión a Francia el 6 de julio de 1944. Y podremos conocer cuándo se desmovilizan las Farc, es decir cuándo entregan las armas y se trasladan a los campamentos en los cuales los esperan el grupo designado por la ONU, en el cual, ojalá, no estén los 100 delegados que ofreció la dictadura de Venezuela. Se sabe sí que las Farc no entregarán todavía las armas y que el plazo para terminar de hacerlo puede ser mucho más allá del 26 de marzo que dice el Gobierno. Pero no se sabe al fin si la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia aceptará nominar a uno de los integrantes del Tribunal creado en el acuerdo de La Habana, el cual reemplazará a la Rama Jurisdiccional de Colombia en dictar justicia para este caso específico. A propósito, todavía no se sabe cuánto durará ese Tribunal y si desconocerá las sentencias de la Justicia colombiana sobre hechos relacionados con el terrorismo, los crímenes atroces, el narcotráfico y el enriquecimiento ilícito del grupo que justificó su violencia en las dificultades para participar en la política nacional. Como no se sabe si el acuerdo derogó la tutela para este caso, como lo explicó hace poco el presidente del Consejo de Estado, y si las decisiones de ese Tribunal no podrán ser objeto de ese recurso. Y si se pudiera, ante quién debería presentarse esos recursos dirigidos a amparar los derechos fundamentales de los colombianos. Además, no sabemos aún si esa nueva Corte, la quinta, le rendirá cuentas a alguien. Y si sus decisiones pueden ser objeto de apelaciones, como debe ser en cualquier sistema de justicia democrática, así sea la transicional. Ni si las sentencias de la Justicia contencioso administrativa sobre la propiedad de tierras, las expropiaciones, o las elecciones, podrán ser derogadas, modificadas o desconocidas por el Tribunal. Eso lo dijo el Presidente del Consejo de Estado en una carta a los negociadores, y lo recordó la semana que culmina en los medios de comunicación que le dieron cabida. Como puede verse, el acuerdo que será aprobado en la votación de hoy no es claro en cuanto a muchas de las instituciones creadas por la Constitución aprobada en 1991, cuando César Gaviria era el presidente y Humberto de la Calle su Ministro de Gobierno. En ese entonces se presentó la nueva Constitución como un tratado de paz entre los colombianos.Esas consideraciones son apenas algunos de los innumerables vacíos que tiene el acuerdo de La Habana entre las Farc y el Gobierno. Pero como sí va a ganar el sí, habrá que confiar en que se usarán bien las disposiciones que entregan poderes casi ilimitados al Presidente para legislar y al Tribunal para decidir sobre vidas, nombres y haciendas en Colombia, así sea con el voto de magistrados extranjeros. Olvidémonos de disputas baladíes. Digamos por anticipado que ganó el sí, triunfaron el Gobierno y las Farc y hay que celebrarlo como corresponde. El resto, los que votaron no o se abstuvieron, que se vayan pa’ su casa. Para eso es la división entre ganadores y perdedores.

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