El ciudadano Uribe

Noviembre 28, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Desde su elección como presidente, la inmensa mayoría de los colombianos han tenido en gran aprecio a Álvaro Uribe como el mandatario que les cumplió su promesa de sacar a Colombia de la incertidumbre. Pero sus actuaciones después del 7 de agosto están generando preguntas que van mucho más allá de si existe o no un enfrentamiento con su sucesor Juan Manuel Santos.El gran error de Uribe presidente fue presionar su segunda reelección. Cuando se reconocían en todas partes los buenos resultados de su primer mandato, cuando las cosas funcionaban bien, el afán del régimen por perpetuarse en el poder usando la aceptación del Uribe político empezó a causarle problemas. Su declaración acerca de que su gobierno se mantenía en campaña se convirtió entonces en advertencia sobre lo que estaba por venir.Y lo que llegó no fue una discusión sobre los nuevos horizontes que le esperaban al país sino un intento de generar adhesiones a partir de polarizar la opinión. No fue seguir convocando el consenso sino invocando la fidelidad uribista y la condena a los que empezaron a pensar distinto. Así, la política se cambió por la confrontación y el debate empezó a girar sobre una sola persona.Hasta que llegó la sentencia que terminó con la reelección y los colombianos tuvieron que elegir el sucesor. Entonces apareció la propuesta de Juan Manuel Santos, cercana a la inmensa mayoría de los colombianos. Y fue ganando adeptos, como reflejo del interés nacional por el consenso y el rechazo al radicalismo sectario que promueven José Obdulio Gaviria, Andrés Felipe Arias y otros de similar talante. Como podía esperarse, al finalizar el gobierno aparecieron los balances y las críticas, naturales en los cambios democráticos. Sólo que ahora, y producto de esa forma de radicalizar las cosas para conseguir fidelidades irrestrictas, errores como los abusos del DAS y como la pelea personal con la Corte Suprema, se han convertido en el gran enemigo de quienes formaron parte del Gobierno Uribe. A lo que no ayuda la reticencia de Uribe a aceptar que es un ex presidente.Es que no puede guardar silencio. Fiel a su estilo mediático, al parecer, Uribe tiene dificultades para dejar la primera plana y su espíritu de polemista le impide asumir el papel de simple ciudadano. Lo más grave es que su intemperancia parece ganarle a su inteligencia. ¿Cómo fue posible que declarara una casi sublevación contra el Estado en su proclama de respaldo al asilo de la ex directora del DAS? ¿O que diera a entender que el actual gobierno no brinda garantías de seguridad? ¿Qué lo llevó a descalificar al Procurador, personaje afín a su ideología como pocos, obligándolo a expedir una de las declaraciones más duras y terminantes que se recuerden en Colombia? Sin duda, algunos magistrados de la Corte Suprema hacen política y en algún momento tendrán que responder tanto por eso como por impedir la elección del Fiscal. Pero también es cierto que el país espera una explicación sobre los abusos del DAS y sobre otros temas polémicos. Por eso, bien haría el ciudadano Álvaro Uribe en dejar que su sucesor gobierne a su estilo y en no instigar una radicalización que perjudica a sus colaboradores inocentes y sólo es útil para quienes descalifican a quienes no pertenecen al clan de los ‘furibundistas’, es decir, a la inmensa mayoría.

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