El círculo vicioso

Julio 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

De nuevo, la protesta indígena pone al Cauca en las primeras líneas de las noticias. Y otra vez, al Gobierno de turno sólo se le ocurre plantear un diálogo del que saldrán promesas, luego incumplimientos y al final más protestas.Pero no llegarán las soluciones verdaderas, aquellas que tocan el fondo de los problemas y los eliminan de raíz. Porque el asunto con quienes se tomaron la vocería de las comunidades indígenas no es sólo la recuperación de la tierra. Y desde hace décadas, la forma de apaciguar la protesta ha sido entregarles más y más tierra, y prometerles más y más prebendas imposibles de cumplir en muchos casos. El asunto es otro. Es que en el marchitamiento de los municipios y departamentos que padece Colombia, el Cauca en especial se está quedando sin representantes válidos. Es el precio que tenemos que pagar al centralismo que se empeñó en cambiar una democracia verdaderamente representativa de las culturas y necesidades de las regiones por un clientelismo que compra con favores baratos, haciéndose el ciego ante el saqueo. Por eso, el desafío de la Acin, del Cric y de algunos paeces, es contra Bogotá. Y ahora ya no les sirve tomarse la Panamericana o montar caminatas para inundar a Cali. Ahora agredieron al Ejército. Sabedores del esfuerzo que la Fuerza Pública está realizando contra las Farc en las montañas del Cauca donde producen la cocaína y la marihuana con la cual financian sus estructuras de terror, los dirigentes del movimiento desafiaron a los soldados. Ellos conocen las debilidades del centralismo distante y saben la nula importancia que tiene el Gobernador del Cauca, preclaro exmiembro del Consejo Nacional de la Judicatura, en decisiones que se toman sólo en Bogotá.Por eso procedieron a actuar siguiendo la huella que doña Piedad Córdoba y sus secuaces les marcaron en Miranda, hace menos de un mes. Fue cuando se evidenció que la respuesta sería la verborrea amenazante del Ministro de Defensa y dejar que los militares enfrentaran el problema. Por eso coparon el cerro Berlín, proclamando lo de siempre y con el mismo lenguaje de ‘Teodora’: la reivindicación de sus derechos ancestrales y el uso como carne de cañón de los indígenas, hombres mujeres y niños que no necesariamente están de acuerdo con el lenguaje mamerto de sus dirigentes.Pero no contaron con la reacción serena y respetuosa de los militares, su más grande triunfo político en la historia. Ni con la condena indignada de la gente, incluyendo las comunidades que dicen representar. Ahora vuelven a la ‘mesa de concertación’ que los gobiernos, éste, el de Uribe, el de Pastrana y todos los que no han podido ante la extorsión: Allí les ofrecerán más diálogos, incapaces como han sido para romper el círculo vicioso. Ellos, los de la Acín y los del Cric, saben que el tiempo es su aliado y siempre ganarán mientras Bogotá entrega pedazos de soberanía para calmar el reclamo que produce la ausencia de un Estado que no sabe cómo atender el reclamo justo de la provincia. ****A raíz de la lamentable enfermedad de Angelino Garzón, alguien me hizo caer en la cuenta de que, en caso de ausencia de Juan Manuel Santos, Roy Barreras puede ser el próximo presidente de Colombia. ¡Que Dios nos coja confesados!

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