El arte de José Aguirre

El arte de José Aguirre

Diciembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Desde los 12 años, José Aguirre ha marcado una ruta en la música colombiana. Hoy, su Big Band es ejemplo de lo que se puede hacer cuando, libre de pretensiones, se es capaz de reconocer que “todo pasa y lo que queda es el arte”. José no nació en la ciudad, ni en los epicentros de la música. Hijo de campesinos andariegos, vino al mundo en el puesto de salud de la vereda Las Pavas, entre Manizalez y Chinchiná. A los doce años se convirtió en músico, aprendió armonía, entendió como poner a sonar una banda de 30 instrumentos de viento y se convirtió en el pilar de su familia. Arreglaba bambucos, pasillos y torbellinos mientras su profesor lo guiaba por los vericuetos de “la tímbrica y la tesitura”. En 1987 cayó bajo el embrujo de la salsa y el jazz y se vino a Cali buscando la melodía que irrumpía en la radio y traspasaba fronteras. Aquí se abrió camino. Después, su paso por Guayacán lo llevo Nueva York, a la tienda de Tower Records donde estaban las partituras de las grandes bandas del swing. Su pasión era y sigue siendo la armonía del jazz, lo que le sirvió para ser director musical del Grupo Niche durante 10 años, al lado de Jairo Varela. Fueron años de gloria y de sacrificio. Hasta que se independizó y empezó a hacer cosas insólitas y desconocidas aún. Como realizar arreglos para el disco póstumo de la monumental Cesaria Évora y acompañarla con su trompeta con la orquesta sinfónica de El Cairo. Porque José también es un gran trompetista y no el desafinado que algunos quieren ver. Que le pregunten a Marc Anthony, a quien acompañó en su disco 3.0, o a Sergio George, quien hizo el disco Salsa Giants con los mejores músicos del género en la actualidad. Ambas producciones se llevaron los Grammys.“Soy campesino”, dice José para explicar su capacidad para convocar a sus colegas y producir fenómenos musicales como la orquesta que acompañó a Yury Buenaventura, o Son de Cali, Willie García y a Javier Vázquez. Es quien en el 2013, además de ejecutar la parte de salsa que se escuchó en la apertura de los Juegos Mundiales con una enorme aclamación, realizó una inolvidable sesión de jazz en junio pasado, en el Centro Cultural de Comfandi. Y la Cali Salsa Big Band, ese sueño que parecía imposible, pero que con su credibilidad y sabiduría se convirtió en una realidad. Como en los años 40 cuando Machito reinaba en Nueva York, José reunió 23 músicos 8 cantantes y los 57 temas de la Feria de Cali, para producir una verdadera explosión de música, color, brillo y armonía. José llamó a leyendas como Tarry Garcés y Álvaro Cabarcas 'Peluza', y consiguió el apoyo de Corfecali, Telepacífico y discos Fuentes para lograr una obra que se agota en las tiendas de discos que subsisten en Colombia. Una obra que además es testimonio de que Cali es la capital de toda la música y no sólo de la salsa.En esas anda José Aguirre. En una ciudad donde la música es el idioma y los músicos florecen, donde el Pacífico manda, el gran maestro nacido en Caldas y caleño de todas las horas hace honor a su compromiso con lo que sabe, con lo que le gusta: al arte al cual le rinde el homenaje de quien se declara como otro músico más, aunque sus colegas y el público reconocen sus excepcionales calidades. “Todo pasa y lo que queda es el arte”.

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