¿Dónde está el piloto?

Abril 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Cada vez que se conocen noticias sobre el Departamento del Valle, las preocupaciones se hacen presentes. Y las preguntas abundan cuando el mensaje que se envía desde el Palacio de San Francisco es que todo es cuestión de cambiar al jefe de prensa y al asesor de imagen. Pues no es así y el señor Gobernador está demorado en reconocerlo. Los casos de la Industria de Licores, de la zozobra que vive el recaudo del impuesto a los automotores y de la triste situación del Instituto de Bellas Artes están demandando explicaciones, que van mucho más allá de justificarse con la herencia que quedó de los Abadía, los Useche y los Martínez. Diez meses después de posesionado, el Gobierno Departamental no puede escudarse en las exigencias de la División de Asuntos Fiscales del Ministerio de Hacienda y la ley 550 para reestructurar las finanzas del Valle, mientras la Licorera, la entidad descentralizada más importante para generarle ingresos, envía señales que causan desconcierto.Es que no puede calificarse como buena noticia el que las ventas de aguardiente hayan caído de 1.008.000 unidades en el primer trimestre del 2012 a 206.995 en el mismo período del 2013. Y que muchas de las entidades que contratan con la ILV se quejen por la falta de pago, que se atribuye al incumplimiento ya crónico del consorcio al cual le fue entregada la distribución. Es más, todavía se espera que se aclare el rumor de que los dueños de la distribuidora en la que trabaja el destituido exgerente de la ILV, Doney Ospina- cuya esposa es empleada de la Licorera-, son los mismos de la que la Contraloría General le ordenó cancelar el contrato. Y si es cierto que el verdadero poder en la empresa departamental la tiene un señor Moisés Banguera quien funge como Tesorero y de quien se dice es cuota inamovible del exsenador Juan Carlos Martínez. Tan evidente descenso no puede explicarse alegando que aquí se venden seis millones de botellas con licor de contrabando, porque eso deja por el suelo la Unidad de Rentas que se pretendió separar de la Secretaría de Hacienda. Más aún cuando su titular no ha sido claro al explicar por qué el impuesto automotor, otro pilar de los ingresos departamentales, experimenta una crisis que afecta a los contribuyentes y a las finanzas departamentales.En efecto, ver las enormes colas para pagar el impuesto y cómo regresaron los intermediarios que cobran el turno en esas colas, demuestra el retroceso que padece la Gobernación. No se trata de criticar la decisión de terminar el contrato con el Centro de Diagnóstico, sino de reclamar eficiencia y transparencia. Y que no le digan mentiras a la gente: entrar a la página web de la Gobernación, encontrar el formulario y bajarlo, es un milagro.El resultado está a la vista en Bellas Artes a la que no le transfieren recursos ni le encuentran solución, dando la sensación de que la cultura no es importante para el Gobierno Departamental. Tan grave es la cosa que la protesta impide revisar las críticas a sus administradores.Hay pues una grave situación en el Departamento que no se resuelve nombrando jefes de prensa y asesores de imagen o usando la tutela para silenciar la crítica. Se resuelve sí dejando el clientelismo a un lado, gobernando con la mente puesta en los vallecaucanos y no en las próximas elecciones. Y enfrentado una crisis que destruye la credibilidad de la institución y del gobernante.

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