Detrás del agarrón

Abril 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Lamentable el agarrón que protagonizaron el Secretario de Tránsito y el Presidente de Metrocali. Sin embargo, lo que está cada vez más claro es que la verdadera pelea debe ser otra, muy distinta a la de dos funcionarios en los medios de comunicación. Tanto el secretario Alberto Hadad como el presidente Luis Fernando Sandoval son profesionales idóneos que han tomado con valentía la decisión de servir a su ciudad, dejando a un lado sus intereses personales para enfrentar una lucha desigual. Aunque es claro que la pelea pública no es lo más aconsejable, la causa no está en ellos. Su problema está no en las decisiones que uno y otro debieron tomar o no han tomado, si no en el desafío de enfrentar un mundo enrarecido, que aprovecha la confusión producida por el cambio y usa la corrupción para mantener un pie en el nuevo sistema de transporte mientras con el otro sigue explotando el negocio, la ciudad, los pasajeros, los propietarios y los choferes. Y sigue pateando cualquier cosa que signifique progreso y civilización. La de Hadad y Sandoval, así como la de toda la administración municipal, la de ahora y de las que le sigan, es la lucha contra ese mundo ilegal que durante décadas se apoderó de las calles, montó un lucrativo negocio en el cual unas personas ponen su capital para comprar buses y busetas, otros, los choferes, trabajan como esclavos y protagonizan la guerra del centavo, y otros se lucran de entregarles rutas a esos pequeños y medianos inversionistas.La desigualdad consiste en que durante muchos años, la ilegalidad fue el dominio de algunos ‘empresarios’ que llegaron a tener concejales y gobernantes en sus bolsillos, lo que les permitía hacer lo que les viniera en gana. Ilegalidad que reinaba incluso en la Secretaría de Tránsito donde dormían las sanciones mientras por debajo de la mesa se negociaban las rutas y aún se negocia la impunidad. Al otro lado están quienes se empeñan en hacer cumplir la ley, modernizar a la ciudad. Ellos se enfrentan a ese mundo sucio y oscuro con la legalidad en la mano. Por supuesto, el gran detonante han sido las dificultades para poner en marcha el MÍO. Dificultades que hoy viven los Operadores y la ciudad y que también empezaron con la corrupción y el clientelismo, haciendo que el proyecto se desfasara y a los involucrados en él, en especial los Operadores, les tocara asumir responsabilidades, créditos y costos que no estaban en sus presupuestos. Y los dueños de buses y busetas, a quienes tienen que pagarles un valor justo. En medio de todos ellos, los explotadores aprendieron a sembrar la división, apelando a dirigentes políticos para producir paros y desconcierto.Entonces, el problema no son las diferencias de Hadad y Sandoval, sino el desafío de la ilegalidad que manejan unos cuantos ‘empresarios’ del transporte. Son ellos, los amos de la corrupción que todavía existe y aún contamina la Secretaría de tránsito, quienes están aprovechando las diferencias para mantener su poder sobre el transporte en Cali. Y seguirán reinando si no se despeja la confusión que ha generado la diferencia de criterios entre los funcionarios.Pese a las dificultades, el MÍO es una realidad. Lo que está por resolverse es si la sociedad caleña está dispuesta a enfrentar con decisión el desafío de la ilegalidad y de los ‘empresarios’ que se siguen enriqueciendo con el caos en el transporte público de Cali.

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