Después de Chávez

Diciembre 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¡Pobre Venezuela! Lo que le espera si, como parecen indicarlo los comunicados que sobre la salud del Mandatario emite el régimen bolivariano, el desenlace está cerca. Y pobre Colombia si la suerte de su promocionado proceso de paz con las Farc sigue dependiendo de lo que ocurra en La Habana, y no precisamente en el recinto donde transcurren los diálogos.Durante doce años, Hugo Chávez se ha preocupado por montar un sistema de desconfianzas que le aseguren la lealtad de todos sus validos, más que preparar un eficaz equipo de gobierno que asegure una buena administración para su país. Por eso se pueden encontrar militares tan cuestionados como el recién relevado Ministro de Defensa, Henry Rangel Silva, al lado del siempre obsecuente Nicolás Maduro, de Diosdado Cabello, el más grande enemigo de Colombia y dueño de la boliburguesía, o de Elías Jaua, el mediocre exvicepresidente símbolo del más radical comunismo. Detrás de ellos sigue estando el funesto Ramón Rodríguez Chacín, encargado de la guerra sucia que el excoronel Chávez ama, vestida de la palabra “inteligencia”. Y como telón de fondo está la ambición de una Fuerza Armada que, penetrada por la sed de riqueza, convirtió a su país en autopista por donde las Farc sacan la droga que producen en Colombia. Por último, y en actitud siempre vigilante, está el que siempre será el factor decisorio: Cuba y el régimen de los Castro, necesitados como nunca del petróleo regalado por diez años de generosidad o de robo a los venezolanos, según quiera calificarse. La pregunta ahora es cómo se decidirá la sucesión. Y qué se oculta detrás de esas escenas llenas de ojeras y lágrimas, donde Maduro, Jaua y Cabello aparecen más recelosos entre ellos que realmente compungidos por la suerte de su jefe. Ha de recordarse que el último gran movimiento de Chávez fue nombrar como su sucesor a su fiel Canciller e implorar solidaridad y lealtad, mientras defenestraba a su ministro de Defensa Chacón y lo cambiaba por su amigo el almirante Diego Molero. Todo ello sin olvidar que nadie puede saber lo que ocurrirá dentro del Ejército venezolano, dividido entre el adoctrinamiento cubano y las desaforadas ambiciones de riqueza, estrategias que Chávez usó para garantizar su lealtad. Así, no puede decirse entonces que todo está debidamente arreglado por el enfermo caudillo. Es más, su larga estancia en el poder sólo ha servido para crear el culto a la personalidad y el gobierno unipersonal como norte para el chavismo. ¿Por qué no imitarlo, así eso signifique una cruenta lucha por el poder? En fin, ¿por qué, si la Constitución bolivariana indica el trámite a seguir en caso de ausencia definitiva, Chávez casi clama que se respete a Maduro como su última voluntad?Y, ¿qué pasará con el proceso de paz de Colombia y las Farc? Pues muchos deben estar preocupados y todos preparados para evitar sorpresas desagradables. Porque Chávez no actuaba como mediador sino como parte interesada, así los protocolos dijeran que Venezuela es un “facilitador”. Porque no será fácil controlar el anticolombianismo de Cabello y el apoyo irrestricto de Jaua a las Farc, y sólo queda el respaldo de Cuba a Maduro como prenda de garantía de que Venezuela mantendrá ese mascarón de neutral con que lo ungieron después de declararlo nuestro mejor amigo.

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