Despacio y buena letra

Junio 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ya se sabe que el Gobierno y su bancada sacarán a cualquier costo el marco jurídico para la paz. Lo que no entiendo es por qué tienen que negociar en el exterior con sus oponentes mientras ignoran las inquietudes que aquí despiertan las maniobras para tratar de imponer algo que no ha sido explicado con claridad.Imposible negar la necesidad de aplicar la justicia transicional para resolver el conflicto. En ese sentido, el marco será herramienta indispensable, porque lo contrario, renunciar a esa justicia basada en el perdón para lograr la reconciliación, significará aceptar la política de tierra arrasada y eternizar el inútil derrame de sangre, llevando a la indiferencia a la sociedad que se acostumbra a la violencia como parte de su vida diaria. La pregunta es cuándo aplicarla. Y no puede ser ahora, cuando las Farc se creen con capacidad de derrotar a las autoridades legítimas, así hayan recibido golpes mortales. Anticiparse sin que haya una prueba de la voluntad de acabar con la violencia es caer de nuevo en la trampa de la guerrilla. Eso ocurrió cuando Belisario lanzó sus palomas de la paz y el país debió padecer la escalada del terror. Y se repitió con los gestos de Andrés Pastrana y el despeje del Caguán. Fue el momento en el cual el Gobierno pareció decidido a entregar todo para convencer a las Farc que negociaran. La respuesta fue más violencia. Y la reacción fue el paramilitarismo que llegó casi a una guerra civil. Por fortuna, la elección de Uribe y su seguridad democrática implicó el fortalecimiento del Estado legítimo, la neutralización del paramilitarismo y la recuperación de la confianza en la Fuerza Pública.Por eso, aprobar a como dé lugar el Marco de la Paz cuando las Farc sólo pretenden destruir el Estado de Derecho, es percibido como debilidad, así tenga las mejores intenciones y los responsables de la violencia expresen su propósito de someterse a la Justicia. Más aún cuando en un gesto de lagartería infinita, el ponente de la iniciativa, el senador Roy Barreras, se va a Washington a negociar con Humans Right Watch. ¿Acaso no es mejor oír a los colombianos en vez de rendirse ante Vivanco? Es sabida la firmeza de Juan Manuel Santos para enfrentar a la guerrilla. Por eso sorprende que aún no reconozca que las Farc ordenaron el atentado contra Fernando Londoño. Y que una iniciativa nacida de manera casi clandestina en el Congreso, ahora sea artículo de fe para su gobierno. Es como repetir lo que decía el gobierno Pastrana, a pesar de que los hechos indican que las Farc no están cerca siquiera de una negociación. Y desconocer que su interés está en ganar tiempo para fortalecer su capacidad de destrucción. Como cuando Pastrana. Y detrás de todo ello está el coro de quienes perdieron su capacidad de crítica y ahora se pliegan a los designios oficiales para mantener sus cuotas de poder. Esa falta de independencia convirtió al expresidente Uribe en el estandarte de la oposición, así sus seguidores en el Congreso voten a favor de la iniciativa mientras lo aplauden.Todo tiene su tiempo. Que no se olviden que el enemigo son las Farc y no Uribe. Y que lo mejor es andar despacio haciendo oídos sordos a los cantos de sirena y sin caer en ingenuidades para evitar que una decisión necesaria se convierta en motivo de intranquilidad para los colombianos.

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