¿Democracia?

¿Democracia?

Enero 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Si algo necesita Colombia es cambiar la política. Ojalá, este año se pueda terminar con los vicios y resabios que acaban con su credibilidad, porque los partidos y los dirigentes parecen desconocer las realidades nacionales y el interés general.Es por lo menos paradójico que mientras los presidentes de la República tienen una aceptación con niveles superiores al 80%, los miembros de los partidos y el mismo Congreso Nacional padezcan el peor de los rechazos. Pero es explicable, no sólo por las calidades de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos como líderes. Ellos han tenido todo el poder en sus manos, y el sistema ha dejado que se concentre en ellos la capacidad de acción del Estado mientras debilita la influencia del Congreso y de las autoridades regionales y locales.De esa manera, ya no vivimos siquiera un régimen centralista: ahora, el manejo del país se concentró en una persona. Y a su alrededor perviven multitud de personajes cuyo interés no está tanto en servir a la gente como en satisfacer sus clientelas. Son los que transan el control político por centavos. O los que impiden que haya un cambio en departamentos y municipios, porque eso significaría renunciar a presupuestos, puestos y contratos, y a perder el control que otorga la posibilidad de legalizar y legitimar fortunas mal habidas, como ocurre en el Valle.El desastre del invierno demostró que la organización política es frágil, o mejor, casi inútil. Mientras los gobernadores se declaran impotentes y su liderazgo es inexistente en casi todo el país, el Presidente es el único que decide cómo será la reconstrucción. Incluso nombró delegados, especies de cónsules con autonomía que supera a las autoridades locales. Claro, gobernadores y alcaldes seguirán como ‘representantes’ de sus comunidades. Pero sólo en el papel.Y en tanto, en el Congreso se aprueban reformas políticas que fortalecen el clientelismo y poco hacen para impedir que se apoderen de la representación popular para beneficiar a los gamonales o, peor aún, a criminales reconocidos y organizaciones delictivas. Es como si los escándalos de la narcopolítica, de la parapolítica y la farcpolítica no hubieran existido. Por eso, en la campaña de las elecciones atípicas para Gobernador del Valle, afortunadamente abortadas, un gamonal dijo que ya tenía 300 mil votos para su candidato, sin inmutarse.Nada de revolucionar el sistema electoral o de cambiar la Registraduría porque eso perjudica las empresas electorales. Y nada de combatir el fraude porque se podrían destruir los feudos que tanto dinero les ha costado construir.Es la política al revés. Y funciona más o menos así: “Tratemos de que haya la menor cantidad de votos, porque así es más fácil quedarnos con gobernaciones, alcaldías, concejos, asambleas y Congreso”. A eso le llaman democracia, sin importarles que en Cali, una ciudad de dos millones de habitantes hayan concejales elegidos con menos de cinco mil votos. ¿Democracia?Menos mal que hemos tenido dos presidentes con jerarquía y capacidad de decisión. Pero es sano preguntar qué pasaría si elegimos uno que no esté a la altura. ¿Acaso tenemos partidos serios y organizados que asuman el liderazgo? Infortunadamente no. Por eso es de esperar que le devuelvan a la política la credibilidad y el respeto que dilapidaron en los últimos 40 años.

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