De visita

Septiembre 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Después del remesón en el Ministerio de Defensa y en la cúpula militar, la gente del Cauca, de Cali y del Valle siguen en las mismas tragedias y esperando que se cumplan las promesas y los juramentos hechos durante mucho tiempo por los gobernantes en Bogotá. Pero, al parecer, todo cambia para que nada cambie. Al posesionarse el pasado 5 de septiembre, el nuevo y flamante Ministro de Defensa anunció su visita a Miranda, quizás como demostración de su compromiso con la región más golpeada por el narcotráfico y las Farc en toda Colombia. Sin duda, un movimiento de impacto en la estrategia con que los asesores de imagen pretenden dar a entender que todo es nuevo y que las dudas o los malos pasos del antecesor son cosa del pasado. El pueblo se vistió de gala para recibir al augusto visitante. A las 8:30 empezaron a llegar 17 alcaldes del norte y el oriente del Cauca y del sur del Valle, acompañados de líderes indígenas y comunitarios y los gobernadores de los dos departamentos. Todos fueron citados a la cumbre en la cual conocerían al doctor Pinzón, joven rubicundo y muy cercano al presidente Juan Manuel Santos. Pasaron las horas. La cita era a las 9:30 de la mañana, y el Ministro no llegaba. Las 11:00 y tampoco. La 1:00 p.m., y nada. De pronto alguien dijo que el Ministro “tenía reunión con la cúpula” y que se demoraba. Ante el desaire, los alcaldes abandonaron el pueblo, la recepción se marchitó y los mirandeños mostraron caras de frustración.A las 4:30 de la tarde, los helicópteros depositaron al Ministro en la cancha de fútbol, acompañado de una legión de periodistas traídos desde Bogotá por su jefe de prensa, doña Adriana Vivas. Y los periodistas de Cali y del Cauca que llevaban horas esperando, fueron ignorados impidiéndoles acercarse al ilustrísimo visitante. Después de dirigir una arenga a los soldados y policías que le hicieron formar en el sitio, el Ministro salió a Miranda y caminó una cuadra. Entró a una tienda, se tomó una gaseosa con el alcalde de Miranda y el de Tacueyó, los únicos que quedaban, los periodistas bogotanos le tomaron una foto y el Ministro se fue, dejando plantados a los gobernadores y demás invitados en la casa de la cultura.Mientras tanto, el Comando del Pacífico y la Tercera División fueron descabezados por la costumbre de privilegiar la antigüedad, así se desperdicie a un buen militar como el general Herazo. Hoy esos cargos están en interinidad, aunque la guerrilla y los narcos no cambian. Y mientras nadie sabe qué va a pasar, el Gobierno Nacional se muestra confundido, ignorando a los alcaldes del Cauca y desconociendo que la guerra que allí se desarrolla golpea con dureza a Cali y al Pacífico. Es como si el Cauca fuera sólo un protectorado que apenas merece una visita del Ministro para que pueda tomarse la foto que publican en los diarios de la capital.Pero nada de entender lo que está sucediendo en el suroccidente de Colombia, o de la crisis social que la guerra y el abandono están cocinando en Cali, en Popayán, en Santander de Quilichao o en Buenaventura. O de aceptar que esa guerra se gana cumpliendo promesas, produciendo hechos y ganándose el respeto de la gente que la padece. Gracias a las fotos que tomaron los periodistas traídos en helicóptero militar desde Bogotá, los caucanos saben que el ministro Pinzón estuvo de visita en su tierra.

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