De pelea

Julio 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Las relaciones de Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe pueden terminar en una pelea de dimensiones. Lo increíble es que la cause Hugo Chávez, el gran patán de América y el gran auspiciador de la guerrilla colombiana.Como conocedor de la política, Santos está marcando distancias entre lo que será su gobierno y el de Uribe, sin que ello deba ser interpretado como una traición. Él sabe que el estilo frentero y los años de su antecesor en el poder le han generado un enorme respaldo popular por haber interpretado el mensaje de sus electores. Pero también sabe que los nueve millones de votos que recibió el pasado 20 de junio le dieron un mensaje distinto: hay que superar las radicalizaciones y el uribismo triunfalista, para enfrentar los problemas que acosan a Colombia.Y Uribe parece poco dispuesto a que su ex ministro, gran beneficiario de la creación del partido de la U y de los éxitos de la Seguridad Democrática, se deslinde de sus directrices. Es la reacción de quien debe entregar el poder y de repente se da cuenta que su sucesor, a quien respaldó, está obrando distinto y sin consultarle. Y su indignación crece porque en la conformación del nuevo gobierno se incluyen críticos del régimen, alejándose de los personajes que crecieron a la sombra del presidente más popular en la historia.Por eso se produjo el choque que puso en primera plana al peor de los personajes. En Colombia es verdad sabida la necesidad de mejorar las relaciones con Ecuador, a pesar del sesgo ideológico de su presidente y de su gobierno, que no ahorra palabras para hacer populismo a costa de nuestro país. Y aunque pueda pensarse que el ataque en el que murió Raúl Reyes fue un acto justificado en la legítima defensa, para los ecuatorianos fue una ofensa a su soberanía que debe ser reparada. No hay pues mayores objeciones a que Rafael Correa vuelva a pisar territorio colombiano y entre al Palacio de Nariño como invitado de honor.Pero, ¿Hugo Chávez? Sin duda, el mercado de Venezuela parece atractivo. Pero no lo es cuando se analiza lo que ha ocurrido con el pago a los exportadores, o las dificultades que atraviesan las empresas de nuestro país en territorio donde manda el chavismo. O los vejámenes y asesinatos que padecen los colombianos a manos del régimen chavista, por el sólo hecho de ser colombianos.Y todo es porque Chávez así lo ha decidido. En sus delirios de grandeza, nuestro país es su gran objetivo y las Farc su instrumento. Que Colombia esté derrotando ese propósito, sólo lo incentiva a aumentar su diatriba. Por eso ha llamado mafioso a Santos y a Uribe mientras acoge y protege a los cabeciollas del terror, insulta con cualquier pretexto a nuestro país, y grita como lo hace cualquier patán cuando no tiene la razón y pretende hacer valer su efímero poder. Por eso no lo quieren los colombianos. Y mucho menos el Presidente que debió aguantar sus arremetidas verbales y sus traiciones.Eso lo sabían Santos y su futura Canciller. Y esa es la causa de la pelotera. La lección es que el nuevo gobierno tiene todo el derecho a conversar con quien quiera y como quiera. Pero meter al patán en el Palacio de Nariño era un desafío a Uribe y a los millones de colombianos que ya saben a qué conducen los apaciguamientos y las medias tintas con bribones como las Farc y Chávez.

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