De nuevo, la violencia

Noviembre 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Duele ver a esos diez recolectores de Santa Rosa de Osos, masacrados por la increíble violencia a la que hemos llegado en Colombia. La historia nos recuerda que aunque se esfuercen por mostrarnos que hemos recuperado la cordura, y que tanto los procesos de paz con la guerrilla como los acuerdos con los paramilitares para su desmovilización son un éxito, las cosas siguen por el despeñadero de la infamia. Es que durante años hemos creado refinadas máquinas de guerra especializadas en causar daño, matar o torturar. O, simplemente, de pasar por encima de los demás, para saciarse con la destrucción que causan y el dolor que producen. Es increíble que diez humildes campesinos, quienes terminaban su jornada de trabajo, fueran asesinados en forma vil. Algunos dicen que por cobrarles ‘vacuna’. Otros afirman que fue una operación de las bandas criminales, sucesoras de los paras. Otros explican el crimen como una venganza de no se sabe quién, o una lucha por rutas del narcotráfico que nadie sabe de dónde nacen o a dónde conducen. Pero, qué va.Es esa misma violencia enfermiza que asesina en Buenaventura o Medellín o en el Cauca o en Tumaco, y de la cual no nos hemos podido liberar, a pesar de las décadas que lleva golpeándonos. La que se apoderó del norte del Valle y cobra mil pesos a los vendedores ambulantes en Santa Marta, con la misma agresividad que lo hace en Tuluá, donde la guerra de bandas criminales ha llegado a proporciones alucinantes. La que en Santa Rosa cobra veinte pesos por litro de leche y hace que tener un celular de cualquier clase le cuelgue una lápida a quien se oponga a que se lo roben en la calle o en un carro y a manos de un ladrón en moto. Y mientras tales cosas ocurren con frecuencia que debe avergonzar a cualquier sociedad que se diga respetuosa de los derechos ajenos, aquí desconocemos la realidad que produce las masacres o la violencia callejera. Y dejamos solos a quienes como monseñor Víctor Epalza en Buenaventura y el arzobispo Darío de Jesús Monsalve de Cali, denuncian el grado de degradación al cual estamos llegando, así tratemos de convencernos de que estamos progresando. Tal vez, cansados de vernos acosados por tanta violencia construida durante años de ignorarla y de tratar de acabarla negociando con los criminales, los colombianos somos capaces de presenciar masacres como la de Santa Rosa de Osos sin conmovernos. Tratando de encontrar la razón oculta del asesinato de esos campesinos pero sin condenar el crimen con la fuerza necesaria para evitar que se repita. Esa es la razón por la cual en las cárceles ya no cabe un preso más, mientras desde el Estado mismo se dice que la forma de resolver el problema es sacándolos a la calle, muchos de ellos delincuentes peligrosos y confesos. Y mientras unos se dedican a pedir que se negocie con los criminales, se les perdonen sus delitos o se despenalicen conductas antisociales, otros exigen la creación de más y más crímenes, cuando lo cierto es que es suficiente tener la voluntad para aplicar los castigos a los delincuentes. ¿Es que no nos duele la forma en que mueren tantos colombianos como nosotros por tener un celular o por no pagar la extorsión de mil o millones de pesos? ¿Acaso la solución está en seguir ignorando lo que ocurre en las calles y en el campo, como el asesinato que padecieron los diez campesinos de Santa Rosa de Osos?

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad