Currulao de Cartagena

Currulao de Cartagena

Febrero 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Llegaron los presidentes, sus esposas, esposos y comitivas. Los llevaron a sus lugares de alojamiento y los atendieron con el sabor de la región. Dos días después volvieron deslumbrados a sus países y contaron maravillas del Pacífico colombiano. No bien se bajaron del avión, los recibieron con un delicioso trago típico: el arrechón. Y les dieron chontaduro, fruto oriundo de la zona. Después, en la cena donde el centralismo colombiano se lució, les sirvieron la comida local: tamales de piangua y de yuca, toyo, pepadepan, levantamuertos, arroz putiado y muchilla.Luego de la cena escucharon la música autóctona: currulao, aguabajos, boleros viejos, alabaos, pangos, andareles, arrullos, jugas, abozaos y levantapolvos, interpretada por los conjuntos de marimba, las chirimías y las cantaoras de la ciudad anfitriona. La atención fue acompañada de viche, tumbacatres, tomaseca, caigamosjuntos y calentura, tragos típicos de la región.Y empezaron sus deliberaciones en el confortable Centro de Convenciones que los recibió con solvencia, rodeados de todos los servicios que puede ofrecer la ciudad con el metro cuadrado más caro de toda Latinoamérica, desarrollada por supuesto con el esfuerzo de cien y más años dirigido desde Bogotá, dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas. Aunque en la ciudad hubo uno que otro inconveniente en el tránsito, la protesta de los habitantes de la urbe se diluyó en forma conveniente y fue silenciada por quienes desde Bogotá cubrían el magno evento.Luego llegaron los actos protocolarios que siguieron al trabajo de las comisiones de los cuatro países fundadores de la Alianza del Pacífico. Y la firma del acuerdo que ordena la rebaja de aranceles. Y las expresiones jubilosas de los presidentes sobre el éxito alcanzado en un acto donde se estrecharon los lazos de amistad entre Colombia, México, Perú y Chile, “aún más si cabe”.Y se acabó la cumbre. Después de brindar con levantamuertos, otro de los tragos típicos de la comarca que sirvió de sede a tan ilustre visita, los mandatarios, sus señoras, sus esposos, los ministros y viceministros, los secretarios y secretarias, levantaron el vuelo. Y empezaron a sentir esa nostalgia característica de quienes visitan nuestras costas sobre el Océano Pacífico, “el mar del futuro”, según han afirmado en el Palacio de Nariño durante los últimos cincuenta años.Después, los mandatarios supieron que estuvieron en el mar equivocado. Que la maravilla que vieron se debe en gran parte al deseo de los cachacos de tener un sitio para relajarse. Y que la región pacífica no existe en la mente de los funcionarios que gobiernan a dos mil seiscientos metros más lejos de los colombianos. Tanto es así, que la cumbre del 2013 fue realizada en Cali porque sus autoridades evitaron que se fuera para Medellín, designada ya por la Cancillería. Y toda Colombia empezó a protestar de manera espontánea por el absurdo de haber realizado la Cumbre del Pacífico en el Atlántico, así la soberbia de la distante Ministra de Relaciones Exteriores la lleve a decir que “toda Colombia es Pacífico”. Porque si ella conociera a Colombia se daría cuenta de la miseria y el abandono que vive el Pacífico y la importancia que tiene la Alianza para impulsar el desarrollo que el centralismo le ha negado por siglos.

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