Cuestión de fe

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¿Cómo lograr que las reformas con las cuales se pretende lograr un...

Cuestión de fe

Junio 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¿Cómo lograr que las reformas con las cuales se pretende lograr un supuesto equilibrio de poderes en Colombia, tengan el apoyo que se requiere para que surtan el efecto deseado? ¿Y cómo hacer para que el país acepte como una realidad las palabras con las cuales pretenden convencernos de que sí hay acuerdos sobre paz con las Farc?En ambos casos, la respuesta está en las actitudes que muestren quienes promueven las iniciativas. Aunque la reforma que tramita el Congreso tiene aspectos benéficos, el escepticismo la ronda. Por ejemplo, ya era hora de precisar el concepto de los fueros para garantizar el ejercicio de poderes tan grandes como los que tienen el Fiscal General de la Nación y los magstrados de las Altas Cortes. La idea es que ese fuero ofrezca independencia y seguridad en el ejercicio de una misión crucial para que la Justicia sea la herramienta que garantiza la paz y el respeto de los derechos. Sin embargo, esas características se desvirtuaron cuando quienes ejercen esas facultades cometen delitos o usan sus investiduras para beneficio propio o con ánimo de conseguir resultados distintos a los que ordenan las leyes.Entonces se destruye la credibilidad con los escándalos del Consejo Superior de la Judicatura, o con los de la Corte Constitucional; cuando se ve cómo se manipulan las normas para definir asuntos como la destitución del Alcalde de Bogotá, o la legalidad de la elección del Procurador; cuando se escucha a un Fiscal que no oculta sus intenciones políticas y promueve una huelga para oponerse a los cambios; cuando se producen vergüenzas como yo te elijo para que tu me eljas en una Corte; o cuando se debe soportar que los máximos jueces se pasen por la faja los términos que tienen los procesos a su cargo, sin importar el grave daño que se le causa a los derechos de los ciudadanos. Pero, ¿quién hace la reforma? El Congreso, claro está. La solución para quienes se oponen es entonces quitarle legitimidad. Los mismos Magistrados y el Fiscal se juntan para decir que los Legisladores no tienen facultades para tomar esas decisiones, a pesar de que la Constitución se las otorga. A la reforma no se le puede creer. Algo parecido pasa con los diálogos en La Habana. Mientras el descomunal aparato publicitario del Gobierno trata de convencernos de que todo anda bien y que ya estamos en el posconflicto, las cosas no caminan. Y lo que nos mostraron como un progreso, la tregua unilateral, es roto con el bestial asesinato de once soldados para defender el negocio del narcotráfico, lo que obliga a revivir los bombardeos donde mueren decenas de guerrilleros.Por su parte, las Farc nos amenazan a diario desde Cuba. Que defienden al pueblo pero dejan a Buenaventura y a Tumaco sin energía; que quiere la paz pero no están dispuestos a pagar cárcel ni reconocer sus atrocidades; y que la legislación internacional en materia de crímenes de guerra o de lesa humanidad no les es aplicable.Así, ni se le cree al equilibrio de poderes porque no solucionará los graves problemas institucionales y de la Justicia. Ni se le cree al proceso en Cuba, porque después de tres años nada hay de concreto y se recrudece el terrorismo así traten de mostrar lo contrario.Hay pues un problema de confianza, de creer en los demás y demostrar que se actúa de buena fe. Que se reconstruye cuando lo que se dice concuerda con lo que se hace. Difícil, ¿o no?

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