Cosa seria, caballero

Cosa seria, caballero

Septiembre 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Más de 65 escuelas de salsa con 2.500 bailarines, melómanos y aficionados de países como México, Ecuador o los Estados Unidos se quedaron esperando que el municipio responda por el Festival Mundial de Salsa. Al parecer se quedarán esperando a que alguien en la Alcaldía defienda una actividad que merece respeto. Sin duda, la Salsa se ganó un espacio entre los caleños. De una diversión pasó a ser centro nervioso de la ciudad con la cual se promovieron las más disímiles actividades sociales, como pavimentar barrios enteros o construir iglesias y escuelas. Y además de desarrollar una industria se convirtió en la clave para entender a Cali, una ciudad donde la música es su idioma y su identidad. Y, cómo no, los dirigentes políticos también captaron su importancia. Por eso nació el Festival Mundial, financiado con recursos oficiales. Por eso fue posible realizar actos culturales en el marco del evento, además de un concurso de bailarines que captó el intereses internacional. Pese a que algunos creían que el Festival sería flor de un día, sus resultados demostraron que el asunto iba en serio. Fue cuando el alcalde Jorge Iván Ospina descubrió en la cultura, y en especial en la Salsa, una mina para hacer política. Ahora, Ospina se vuelca sobre el salsódromo que tan buenos dividendos le ha aportado a su imagen y pretende crear un adefesio llamado Ciudad Salsa en las antiguas instalaciones de la Industria de Licores del Valle. Pero su gobierno está encartado y no sabe que hacer con el IX Festival Mundial de la Salsa. Lo ocurrido es patético y se constituye en una burla a las escuelas de salsa que, con razón, se sienten manoseadas. Cuando terminó el Petronio Álvarez, bailarines y músicos armaron una protesta que no termina. El Secretario de Cultura dijo primero que el Festival se realizaría el 23 de septiembre. Después lo cambió al 16 de septiembre para luego mandarlo al 8 de octubre. También anunció que se realizaría en la Plaza de Toros, para cambiarlo después al estadio Pascual Guerrero y después no saber al fin donde lo alojaría. Ni qué decir del programa a realizarse. Nada de nada. Y sólo se oyen los lamentos del Secretario sobre la “poca” colaboración, como si un evento de esas dimensiones no debiera ser programado con anticipación, definiendo los escenarios. Mientras tanto las agencias de viaje y las aerolíneas que vendieron paquetes turísticos en México, en Ecuador, en España y en Estados Unidos, no saben qué hacer ni qué decirles a sus compradores ante los cambios del Festival. Ellos perdieron sus promociones pero nadie les responde. Ahora, cuando está ya para irse, el mandatario solo piensa en el engendro de la Ciudad Salsa. Y como sucedió en ocasiones anteriores, ignorarán a nuestros músicos y nos inundarán con músicos descontinuados mientras aparecerán los negocios raros de parientes cercanos. Es fácil deducir el daño que le causó la mamadera de gallo a los bailarines y a quienes esperaban el Festival para competir o para compartir. El Festival Mundial se había ganado su espacio. Pero a juzgar por la actitud del Gobierno Municipal, ya quedó en el olvido el ‘cluster’ de la salsa, palabreja con la que el alcalde Ospina pretendió echarse al bolsillo a los salseros. Como ya se va, a Ospina ya no le parece que en Cali la Salsa es un asunto serio.

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