¿Con qué se come?

Agosto 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Se vino otra avalancha sobre el proceso con las Farc. A juzgar por el alud de declaraciones, gestos y rectificaciones, el asunto está más que cocinado.Pero nadie de este lado del mar del caribe, sabe en qué están las cosas. Y como siempre durante los cuatro años que llevan las conversaciones, al país le hablan con lenguaje críptico, es decir cifrado. Es como si tuviéramos que aceptar esa palabrería que dice mucho sin decir nada. La enfermedad contagió al presidente Santos. ¿Qué es esa vaina de un Congresito? Que sí, que es un organismo que va a legislar pero que no estará constituido por los elegidos por el pueblo sino por unos personajes designados por el Congreso. Pero que no, que allí también estarán unos tipos de las Farc, que también legislarán a pesar de que nadie los haya elegido. Entonces uno pregunta que de qué van a legislar. Que si ya está todo acordado. Y contestan que no que no pueden decir cómo van las negociaciones, pero que ya casi. Que después le cuentan pero que mientras tanto hay que prepararse. ¿Para qué? No, que tranquilo, que no se sabe, pero que ya está todo casi listo, le vuelven a decir. ¿Y qué está listo? No, pues que no puede decir nada porque se daña la cosa, dice el presidente Santos. “Cualquier cosa que yo diga puede ser utilizada en mi contra porque esas decisiones deben ser acordadas y no pueden ser unilaterales” y termina: “tengo que ser prudente”. ¿Con quién? No con el país, que está más confundido que nunca, sino con las Farc.Pero, ¿qué proponen? Que un Acto Legislativo, es decir, una reforma constitucional que debe aprobarse en dos legislaturas. ¿Para qué? Para permitir la creación de una “Comisión” que incluya a las Farc. ¿Antes o después de la firma del acuerdo definitivo? Misterio ¿Incluirá a la oposición y al partido Conservador, es decir, al 30% del Congreso elegido por los colombianos? Más misterio.Pero que no, que eso no es un golpe de Estado contra el Congreso ni un acto antidemocrático. Que no, que no le quitarán la principal e irrenunciable atribución que le otorga la Constitución, es decir, legislar para todos los colombianos. Es decir, ‘Erga omnes’ como le enseñan a uno en las facultad de derecho. Que no, que no se trata de eso, que no sean desconfiados. Que no, que tampoco se trata de evadir la promesa de consultar a los colombianos sobre si aprueban o no el acuerdo final con las Farc. ¡Y que no pregunten tanto! Hablando con franqueza, el operativo desplegado por el Gobierno deja muchas más dudas que antes. Incluso, revive el cuento del posconflicto, como si ya todo estuviera arreglado. Y más aún, con el misterioso silencio de los cabecillas de las Farc. Si hasta al Papa ya lo metieron en la colada.Y con las palabras del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, que deben esculpirse en mármol como legado de sabiduría, estamos listos: “El Derecho no puede ser obstáculo para la Paz”. O sea, el Derecho no es la mejor forma para asegurar la paz y la convivencia, como le enseñan a uno en la Universidad y en la casa. Como puede observarse, la confusión es enorme. Hasta un tipo de la ONU, delegado él para los Derechos Humanos y que no debe intervenir en asuntos internos, nos exigió que aprobemos el Congresito. Mientras tanto, el tal marco jurídico de la paz cuya aprobación le sacó canas al presidente Santos, muere sin dolientes. Perdón por la pregunta: ¿esto con qué se come?

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