Como el cangrejo

Julio 31, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Me puedo estar volviendo monotemático, pero debo preguntar a cuenta de qué tendremos que dar a los militares el voto que los regresa a las épocas en las que su politización fue factor fundamental en la violencia que vivió Colombia durante el siglo XX. Durante muchos años, las fuerzas militares y sobre todo las policías locales y departamentales contribuyeron al baño de sangre que vivimos en esas épocas. Esos funcionarios, a los cuales se les entrega el monopolio de las armas para que protejan a la sociedad, tomaron partido y fueron usados en la espantosa confrontación entre liberales y conservadores. Miles de personas murieron en aras de una confrontación cuyo fondo era económico, la propiedad de la tierra; y político, el control territorial que permitía mantener hegemonías con las cuales se distribuyó el poder en Colombia. De allí nacieron todas las formas de violencia que hoy tratamos de terminar, empezando por las guerrillas, siguiendo por los paramilitares, las bandas criminales, el narcotráfico y la delincuencia común. Tanto despropósito obligó a tomar decisiones como tener una policía única, alejándola de la guerra que vivía la provincia colombiana. Y llevó a crear un pacto que fue fundamental para poder tener el país que hoy tenemos. Vituperado por muchos, el Frente Nacional acordado y puesto en práctica con la elección de 1958 tras el fin de la dictadura del Teniente General Rojas Pinilla, tuvo entre sus grandes decisiones el declarar como no beligerantes a las Fuerzas Armadas y la Policía. Con ello se excluyó uno de los factores más peligrosos de la estabilidad institucional. Y transformó en verdaderos profesionales a quienes tienen el monopolio de las armas para hacer el bien y no para hacer política. Por supuesto, hubo reacciones y varios intentos de golpe. Pero fueron abortados a tiempo, incluso por los mismos militares que sabían el mal que se oculta detrás de la ambición de poder que puede apoyarse en la fuerza que da un fusil o un tanque de guerra.Así hemos vivido 58 años. Y hemos podido superar amenazas como el narcoestado con la elección de Ernesto Samper Pizano, hoy secretario de Unasur, o el estado fallido que vivimos a finales de los años 90. Incluso, hemos logrado conjurar el intento de comprar a los militares y la corrupción que ha tratado de poner de su lado a las Fuerzas Armadas. Así, militares y policías están dedicados a su deber sin que el partidismo les despierte la ambición de definir la política. Pero aparece don Roys Barreras, clientelista insigne y conciencia jurídica del régimen, a proponer que echemos para atrás. Destapa así su afán de protagonismo y su intención de tirar una cortina para desviar la atención sobre los problemas que vivimos. En la trastienda está la intención aviesa de penetrar a las Fuerzas Armadas con lo que sabe hacer: clientelismo corrupto y demagogia. Lo más extraño es que el presidente Santos lo haya apoyado, “después de que alcancemos la paz”. ¿Cuándo la alcanzamos? ¿Con la firma del acuerdo con las Farc? ¿Con el plebiscito? ¿Y qué pasará con el narcotráfico y las múltiples formas de violencia e ilegalidad que seguirán existiendo?Seamos serios. Devolverles el voto es abrir la puerta a la contaminación de la política. Dejemos a los militares y policías haciendo lo que hacen y concentrémonos en lo que mejore al país, que aporte a la paz, y no en los mandados interesados y necios de don Roys y quién sabe quién más.

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