Colombia y Grecia

Colombia y Grecia

Mayo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Seis mil inmigrantes ilegales han pasado por Colombia en lo que va de este año. Y decenas de miles han cruzado nuestro territorio, a pesar de los temores que despierta el país por la violencia que subsiste bajo el ala de un Estado que soluciona los problemas ignorándolos.Por aquí pasan los cubanos que huyen desmoralizados por el fracaso de la revolución que convirtió a la patria de José Martí en un erial donde el desempleo frustra el esfuerzo de educarse. En su mayoría son médicos que envía el castrismo a Venezuela para pagar el suministro de petróleo y les quita gran parte de sus sueldos como si fueran esclavos de la revolución. De esos han pasado por manotadas. Son personas capacitadas, inteligentes, con deseos de trabajar, que arriesgan su vida y entregan su dignidad con tal de llegar a los Estados Unidos. Pagan sumas millonarias al bien organizado negocio de quienes se comprometen a llevarlos pero los dejan tirados a la menor dificultad. Entran por Venezuela, donde son propiedad de las misiones de salud, inútiles ante la crisis que padece el vecino.También vienen de Ecuador, aprovechando que Correa levantó la exigencia de permisos de entrada a los cubanos. Es su forma de ayudar a los Castro a desactivar la olla a presión de tener a millones de personas educadas y sin empleo. Muchos son profesionales idóneos que reciben trescientos cincuenta pesos cubanos al mes, menos de diez dólares, trabajen o no trabajen.Y están los africanos, asiáticos y hasta europeos que pagan miles de dólares a las bandas de traficantes para llegar al país de sus sueños. Ellos abandonan todo, venden todo, se embarcan en cualquier cosa, entran por el sur o por el norte, atraviesan las carreteras, se adentran en la selva o se trasladan en naves frágiles, enfrentan toda clase de peligros y llegan al Darién para pasar a Panamá. Ellos no piensan ni por un momento en quedarse en Colombia porque la consideran peligrosa (!). Y muchos son atrapados por las mafias que les devuelven su libertad a cambio de que transporten unos cuantos kilos de cocaína y los entreguen en Centroamérica.El negocio ha cambiado. Antes llegaban a México, donde la mafia los mataba a discreción después de quitarles todo, como lo hizo con miles de guatemaltecos, salvadoreños y hasta colombianos. Fue cuando México cerró sus fronteras. Luego lo hizo Nicaragua, creándole un problema a Costa Rica. Costa Rica siguió el ejemplo, trasladando el dolor de cabeza a Panamá, país que ahora le aplicó la misma fórmula a Colombia. Somos pues la cola del negocio. Por aquí transita todo lo que nos mandan de Ecuador, lo que huye de Venezuela y lo que producimos por el imperio de las guerrillas, de las bacrim, de los narcos. Todo es protegido por autoridades involucradas en el negocio, que de vez en cuando capturan buses repletos de africanos, chinos o cubanos en las carreteras del Cauca o del Valle, como para que no digan que incumplen sus deberes.Ahora mismo, los pueblos del Darién son desbordados por los extranjeros ilegales que reciben permisos de estadía, se embarcan de nuevo para Panamá, son capturados y devueltos a Colombia, donde repiten sus maniobras sin que alguien se decida a ejercer la autoridad para evitar que nuestro país siga siendo escenario del comercio humano más degradante. Así, Colombia es en América lo que Grecia es en Europa para quienes se enriquecen con las necesidades de los inmigrantes que buscan con desespero su vida y su libertad.Sigue en Twitter @LuguireG

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