Cocteles letales

Cocteles letales

Enero 15, 2017 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Al anular la acusación contra el excandidato Óscar Iván Zuluaga, el Fiscal General de la Nación rectifica en gran parte su vinculación con la política. Sin embargo, persisten las dudas sobre la forma en que la ambición de poder y la falta de escrúpulos atentan contra la democracia. Cuando se destapó el escándalo sobre el hacker y se dio a conocer el video del encuentro entre Zuluaga y Andrés Sepúlveda, surgió de nuevo la turbia alianza entre la política y la justicia. Apareció el interés del entonces fiscal Eduardo Montealegre por ganar méritos en una operación con la cual se comprometió la campaña para la presidencia de la República en el 2014.Era el momento en que el candidato de la oposición tenía todas las posibilidades de ganarle al Presidente que buscaba la reelección. Y fue la reaparición de un hombre funesto, J.J. Rendón, con sus tácticas de descalificación, consistentes en desacreditar al rival y destruir a cualquier precio su honra. Así, ya no es necesario mostrar las virtudes del candidato al cual se asesora. Las cosas se facilitaron cuando la campaña del candidato del Centro Democrático aceptó tener un especialista en espionaje electrónico de aquellos que se califican como genios en el manejo de las redes. Al parecer nadie allí se preocupó por averiguar los antecedentes del sujeto, que entre otras joyas tenía el haber trabajado con J.J.Y papaya dada, papaya servida. El video fue una trampa de quienes fueron acogidos por el fiscal Montealegre para involucrar a Zuluaga en una estúpida trama de espionaje al proceso de paz, a las Farc, a miembros del Gobierno y a los integrantes de la comisión negociadora de La Habana. Una vez obtenidas las imágenes por el combo de los hacker, el resto fue coser y cantar. Se las entregaron al fiscal Montealegre, este armó el escándalo, los que hicieron la filmación cantaron de lo lindo y dejaron en la calle a quien ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales.Nunca había actuado tan rápido la Fiscalía. Y nunca había sido tan ‘transparente’, es decir, expuesta a los medios, empezando por Semana, órgano cuasi oficial de la reelección. En su megalomanía, Montealegre se atravesó en la campaña, buscando el reconocimiento y utilizando a la Justicia para incidir en el resultado. Pero destrozó la credibilidad en la Fiscalía, de por sí en duda por su falta de acción frente a Saludcoop.Difícil decir si esa interferencia causó la derrota de Zuluaga. Pero sí le hizo daño grave, uno más, a la confianza en la Justicia. Y nos notificó que aquí como en Estados Unidos el FBI o en Venezuela el Tribunal Supremo, la ambición de poder borra los límites que deben existir para impedir que los jueces e investigadores intervengan en los procesos electorales. Ahora, el fiscal Néstor Humberto Martínez, que sorprende con actuaciones que contrastan con la tenebrosa época de Montealegre y le devuelven confianza a la entidad que debe ser neutral, libera a Óscar Iván Zuluaga de una acusación infame, aunque sigan vinculados su hijo y el extraño “asesor espiritual” de su campaña. Con ello queda en evidencia el cruce de la Justicia con la política y de la política con la Justicia en Colombia. Junto con la alianza entre los contratistas y los políticos y gobernantes que se queda con el 30% de los ingresos públicos, ese es otro de los cocteles letales que destruyen las instituciones que se supone deben garantizar la buena fe en el manejo del Estado.

VER COMENTARIOS
Columnistas