Cinco de oxígeno

Marzo 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Y ese minuto ochenta en el cual el cuñado de James cae después de un rechazo. Y el tipo se revuelva, toma agua, se soba, lo soban, lo paran, lo sientan, le traen el médico, le dan masajes, el árbitro pregunta y los bolivianos frescos. Pasan los minutos. El cuñado se vuelve a sobar, se tapa la cara, los locutores vaticinan el cambio, Marlos se impacienta en la raya y aquí nos herniamos en tanto los locutores vaticinan otro desastre y echan a Pékerman de la Selección. Y Pékerman que se hace el pendejo mientras los otros diez colombianos que están en la cancha casi no pueden con su alma. Y llegamos a los cinco minutos de parálisis, a cinco del final más los otros cinco del descuento. Y los bolivianos tranquilos porque ya le empataron al James ese y al Bacca ese y al cuñado ese. Y de pronto, los diez colombianos que toman aire, un nuevo aire. Y desaparece ese verde de sus caras que contrasta con el amarillo de sus camisetas. Entonces empieza otro partido. El de los ocho minutos finales, con Marlos en la cancha, con Cardona en el medio campo. Y James ve a Marlos. Y le pone un pase perfecto, y este se lo deja a Muriel y este dispara al cuerpo del arquero boliviano. Y nosotros en la muerte lenta. Y de pronto otro arrancón de Marlos, una joya rara. Y James que lo ve al otro lado de la cancha. Y el pase incómodo pero certero. Y la corrida del paisa más querido hoy por nosotros. Y el arrume de defensas que logra Muriel, el ex Cali, hacia la izquierda. Y por la centro derecha, Cardona, despierto, con la cabeza levantada, que recibe el balón sin que nadie lo perturbe. Y el disparo. Y el gol que nos devuelve la vida. Oh, la vida.Y el que cambió el partido con su lesión gravísima de cinco minutos, el cuñado Ospina, que se le salen las lágrimas, no se sabe si de la risa o de la felicidad. Y el James, que metió un gol ante pase de Bacca, luego puso el pase para el gol de Bacca y faltando dos minutos treinta y seis segundos para que terminara el alargue le entregó ese balón de oro, de lado a lado, al ya inmortal Marlos Moreno.Así padecimos el Jueves de la Pasión. Me acordé del paseo de hace unos años cuando deslumbrábamos con la amarilla y les ganábamos a los más opcionados. Ahora nos tocó batallar, sufrir, ser inteligentes. Pero tenemos a James. James, por el que el Real Madrid pagó noventa millones de euros y ahora lo tira a los perros, para disculpar la mediocridad de Zidane y del presidente, el Florentino ese que sólo ve al siete.James, al que están destruyendo para poder salir de él. Al que le aventaron la tribuna encima para silbarlo, cuando un año atrás se la aventaban para aplaudirlo. Ese fue nuestro conductor, el que le gusta a Ancelotti y quiere llevárselo para el Bayern Munich, junto con Bacca. Que se vaya para donde sí saben quién es él.El pasado jueves, James y todos los que jugaron nos dieron una lección de coraje. Quizás no del gustó a los encopetados comentaristas que se ganan la vida como perros de presa. Pero ellos fueron como todos los colombianos.Y derrotaron, no a Bolivia, sino al monstruo de los tres mil quinientos metros sobre el nivel del mar, al derrotismo de quienes viven del mal ajeno y al escepticismo y la mala leche de quienes en el Real, con su presidente a la cabeza, pretenden liquidar el espíritu de nuestro capitán.Cinco minutos de oxígeno nos dio el cuñado, y los aprovechamos. Ahora, que venga Ecuador para seguir sufriendo.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad