Chistes malos

Diciembre 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Con la sentencia que absuelve al coronel Alfonso Plazas Vega por desapariciones en el Palacio de Justicia debería terminar el peor capítulo en la historia de Colombia. Sin embargo, continuará el afán de mantener viva la sindicación contra el Estado por un hecho cuyo único responsable fue el terrorismo brutal. A Plazas Vega no lo condenaron por un delito, sino por haber sido el oficial que dio la cara cuando el Ejército emprendió la retoma del edificio. Y lo arrinconaron, después de que la escena del crimen fue barrida como si allí no estuvieran las pruebas y los restos de las víctimas. Así se borró la verdad y se inició un operativo por construir otra, la de los interesados en desviar la responsabilidad, la de quienes trataban de obtener utilidades políticas y económicas. Por eso se crearon pruebas mentirosas con testigos falsos y la sociedad padeció la mentira. Mientras tanto, en los anaqueles de la Fiscalía todavía hay restos por identificar, como los de los desaparecidos que no hace mucho aparecieron en unas cajas del ente investigador. A Plazas Vega le armaron un proceso basado en testimonios falsos de un personaje que apareció 21 años después y de los cuales no está clara su identificación. Un suboficial que nunca estuvo en el lugar de los hechos, es decir, en la Plaza de Bolívar, que se inventó todo y luego se retractó. ¿Quién estuvo detrás de la trama que descubrió la Corte? Después, una Fiscal se mantuvo en acusaciones basadas en pruebas prefabricadas y deleznables. Y un Tribunal, influenciado por las tendencias ideológicas de algunos de sus miembros, ratificó la sentencia de una juez que no tenía cómo sustentarla, salvo la intención de montarse en la onda de desprestigiar al Ejército y responsabilizar al Estado del crimen que cometió el M 19. Esa juez, María Stella Arana, dice ahora: “los jueces nos podemos equivocar”. Pues no. Esa equivocación, corregida por la Corte Suprema de Justicia, lo quitó ocho años de su libertad a un ser humano. ¿Quién se los devuelve? Por eso, un juez no se puede equivocar. ***A otra cosa. El chiste del año lo dijo alias Iván Márquez, el jefe de los negociadores de las Farc, a la BBC de Londres: “Las Farc no tienen dinero”. Es decir, el narcotráfico que dominan en los últimos veinte años, es mal negocio. Es decir, la reparación a las víctimas le corresponde al Estado. Es decir a los contribuyentes, incluidas las víctimas. Es decir, las víctimas financiarán la desmovilización de las Farc, las zonas donde se alojarán las Farc, las campañas políticas de las Farc. Pero las Farc no tendrán obligación de contar la verdad sobre sus negocios con los carteles colombianos, con los de México, con el de los soles de Venezuela. Ni de delatar en qué bancos ocultaron los dineros provenientes de los miles de secuestros que han practicado en los últimos cincuenta años. Y después preguntan por los enemigos de los diálogos. Son las Farc, que con su cinismo destruyen la credibilidad de lo que se firme en La Habana. Últimos chistes: que el Fiscal General condecore a Natalia Springer con la medalla Low Murtra y le suene que su contratista estrella sea su sucesora. Y el que incluyan un contratista de la Policía Nacional, hermano del Ministro de Hacienda, en la Comisión que evaluará ¡a la Policía Nacional! ¡Feliz navidad!

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