“Camarón que se duerme”

“Camarón que se duerme”

Marzo 09, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Contra la corriente cada vez más caudalosa del rechazo a sus vicios y actuaciones que desconocen el sentido de las elecciones. Contra eso deberá remar el Congreso que sea elegido hoy.Una elección debería renovar el Congreso. Pero, con pocas excepciones, no será así en Colombia. Volveremos a ver los residuos del proceso 8.000 que se mezclan con la parapolítica y los hijos de Luis Carlos Galán en exóticas alianzas que sólo se explican porque los partidos dejaron de ser organizaciones serias que reflejan un pensamiento, para convertirse en oficinas que ofrecen avales, aprovechando el engendro del voto preferente. Así llegarán personajes de dudosa procedencia, arropados por la bandera del Partido Liberal, del de la U y del Partido Conservador que olvidaron sus obligaciones y abrieron la puerta, o mejor, no la cerraron nunca, a los indeseables. Luego no sería extraño que el Congreso volviera a llenarse de curules vacías.También veremos a una izquierda cada vez más anarquizada y víctima de sus conflictos y odios que no la dejan ser alternativa de poder. De allí saldrán los jefes que con el transcurso de los años se han ganado la confianza de sus electores por sus ejecutorias, mezclados claro está con los que apoyan la guerrilla en forma velada y con los que disponen de enormes recursos mientras la Procuraduría no los procesa como debe ser. Salvo por la irrupción del expresidente Álvaro Uribe como expresión de quienes no están con el Gobierno y la Unidad Nacional, y de una que otra sorpresa entre los caciques, los resultados no dirán que haya una renovación en la política. Se presentarán entonces los triunfos basados en la cada vez más exagerada influencia de la compra de votos y de líderes, y de quienes, como pasa en el Valle, son impulsados por el poder de los recursos oficiales. Hoy terminará la algarabía de un proceso electoral donde se ofrece lo divino y lo humano para tratar de convencer a una opinión cada vez más decepcionada y por lo tanto indiferente ante lo que pasa en Colombia. Es aquella mayoría silenciosa convencida de la inutilidad de un Congreso que se dedica apenas a cuidar sus intereses, incapaz de cumplir su tarea y crear reglas de juego transparentes para devolverle la credibilidad a su papel como vocero de la voluntad popular.Poco habrá que celebrar entonces. Sin embargo, aún quedan colombianos que creen en las elecciones como el medio para detener la decadencia de la política. Todavía existen quienes creen, o creemos, en el poder del voto para combatir la podredumbre que amenaza un sistema democrático corroído por la corrupción y el clientelismo y en la capacidad de los principios para imponerse al imperio de la ambición y la manguala. Por eso vamos a votar mañana. Por supuesto, nos puede derrotar la maquinaria que gasta miles de millones de pesos para mantener su negocio. Y puede ganar de nuevo la apatía explicable y creciente de los que creen que no vale la pena votar, y se sientan a esperar que aparezca alguien, un Chávez, un militar, un dictador, que acabe con esa vaina, como lo hicieron los venezolanos ‘de bien’ en 1999. Que no se olviden que “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”Sin embargo, y no obstante el pesimismo, hoy iremos a votar quienes creemos que la democracia todavía está viva. Y que el ejercicio de nuestros derechos como ciudadanos permitirá mantener la libertad que todos necesitamos.

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