¿Cadáver insepulto?

¿Cadáver insepulto?

Enero 21, 2018 - 08:57 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Cuatro años y medio después de devuelta, Emcali se hunde cada vez más en la miasma de la incapacidad, el clientelismo y el temor al sindicalismo feroz. Ahora nos anuncian una transformación “inteligente” sin tocar la esencia de los problemas que la asfixian, y nos ponen a pagar servicios caros y a tolerar la ineficiencia.

Emcali cayó en la desgracia por la corrupción en sus épocas florecientes. En su momento fue pasto de la clientela que se repartía los puestos, los contratos y las tajadas de todos sus negocios. Para lograr esos objetivos, los directivos de entonces prefirieron negociar convenciones colectivas ruinosas, renunciando a la administración sana para mantenerla como lo que alguna vez fue.

Una vez colapsó por la manguala que puso a los caleños al borde de quedarse sin agua o luz, la Nación la intervino con la Superintendencia de Servicios Públicos para evitar el colapso. Y si bien se logró mantener a flote, de nuevo la corrupción y el clientelismo descarado e impune impulsados desde esa superintendencia impidieron la transformación que salvaría el interés de la ciudad. Sobrevivió Emcali sí, pero a qué costo.

Trece años después, el Gobierno Nacional acabó con la vergüenza de una intervención dizque con propósito de liquidación y devolvió la empresa. Y tras cincuenta y cuatro meses la situación es igual o peor. Emcali no es gobernada por las autoridades, tiene 17 sindicatos, bota el 50% del agua que produce y cerca del 20% de la energía no es cobrada, mientras en telecomunicaciones se pierden $100.000 millones al año y cientos de funcionarios viven en el tedio sin nada qué hacer ni nadie que pueda obligarlos a hacer algo, es decir, a trabajar.

Por todos lados son venas rotas que obligan a cobrar unas tarifas altísimas, pagadas por usuarios que, sin saberlo, subsidian todo ese desastre. Y entre tanto personajes como Alexánder López que se jubiló allí a los cuarenta años y mangonea a su antojo el sindicato más grande, se prepara a reelegirse por cuarta vez como congresista, respaldado por la clientela que construyó a su paso por Emcali y el temor de las autoridades municipales a su poder.

Ahora nos anuncia el administrador de la empresa que la solución no será aplicar medidas que deben tomarse con responsabilidad, sino “la transformación”. Que el componente de comunicaciones “se va a reinventar” y que los funcionarios inútiles que desangran la entidad y hacen crecer el costo de la factura para los usuarios van a ser reubicados en los otros servicios.

Claro, tenemos dos miembros de los sindicatos en la Junta Directiva y no podemos actuar como corresponde cuando un negocio es obsoleto e inútil. Claro, es mejor contemporizar con el desastre y mantener convenciones ruinosas a tomar decisiones que beneficien a los usuarios y no a esos sindicatos amenazantes que respaldan al senador López y su larga corte.

Y como al usuario sólo le preocupa que le llegue la luz y tener agua, no quién es el dueño ni qué hacen sus funcionarios, la fiesta continúa. Es decir, cero decisiones de fondo y el despido de personas con coraje que se atreven a enfrentar el desastre que corroe a Emcali como una fatalidad.

Así nos tenemos que aguantar la mediocridad que disfraza con retóricas y neologismos su incapacidad o su impotencia o la estrategia de convivir con el enemigo para preservar ante todo la gobernabilidad de una Emcali que ya parece más un cadáver insepulto.

Sigue en Twitter @LuguireG

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