Cada voto cuenta

Octubre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Hoy termina una de las campañas más intensas y reñidas en la historia de Cali. Por su trascendencia, este es el día en el cual la opinión del ciudadano común y corriente tendrá que dejar a un lado la apatía y decidir quién será el alcalde durante los próximos cuatro años, a partir del próximo primero de enero.El asunto es que dos décadas de inmoralidad de corrupción en las cuales los gobernantes se elegían con la menor cantidad de votos posibles, terminaron con la elección de Rodrigo Guerrero. Él se atrevió a desafiar el establecimiento que se devoró hasta a Jorge Iván Ospina, quien sedujo con su discurso de izquierda populista pero terminó siendo más de lo mismo. Fue esa época la que alejó a los caleños de sus gobernantes y sumió a la ciudad en la crisis más profunda de su historia.Guerrero tuvo la osadía de enfrentarse a las maquinarias, incluida una Registraduría venal que por unos pesos vendía resultados. Y logró el triunfo, devolviéndole a Cali la esperanza de tener un gobierno decente y respetable. Ahora, y no obstante el enorme caudal de soluciones represadas en las décadas perdidas, el dilema vuelve a ser el mismo, aunque al revés: o cuidamos lo que hemos logrado en materia de transparencia y de recursos públicos para resolver los problemas de nuestra ciudad, o aceptamos que vaya a parar a los bolsillos del clientelismo.Ese es el dilema que hoy deberán resolver los caleños, porque las Contralorías, la Procuraduría y en especial la Fiscalía han demostrado su capacidad de absolver a los bandidos. Ahora hay un ingrediente nuevo: por primera vez desde que se estableció la elección popular de alcaldes, un personaje de la empresa privada se le mide a enfrentar la jauría clientelista. Durante nueve meses de intenso trabajo y de nadar contra la corriente, es la opción real. Al frente ha tenido contendores respetables que durante la campaña han sido exponentes de lo que representan.El juego es otro porque ya se demostró que el sacrificio es necesario si lo que buscamos es sacar a Cali del atraso; si queremos que la voz de nuestro alcalde sea escuchada y respetada, en lugar de ser ignorada y su nombre deslucido por la fama de corrupción y desgobierno que nos legaron los otrora dueños del Municipio. Es la posibilidad de escoger entre volver a la queja permanente mientras el desinterés permite que regrese la rapacidad, o tomar la decisión de poner al frente de la ciudad a quien tiene voz propia y reconocimiento. Pero no puede desconocerse las fuerzas subterráneas que aún mueven la política local. Por ejemplo, Carlos José Holguín, un hombre conocedor de Cali y con experiencia, fue lanzado por el gobernador Ubeimar Delgado hace un año en su programa de Telepacífico. Hoy, ese mismo funcionario ya no quiere saber nada de su candidato aunque se proclama salvador del Partido Conservador. Se alió con su socio Angelino Garzón pero anda buscando acomodo en las candidaturas que encabezan las encuestas para evitar quedarse sin el pan y sin el queso.Mangualas como esa son las que hay que evitar, si lo que queremos es resolver nuestros problemas, defender el patrimonio público y mantener la decencia como principio. Tampoco es tiempo para pensar que estamos apostando en un juego de azar y quien nos puede gobernar es uno de los zares del chance en Cali. Por eso, hoy es el día de votar por Armitage.

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