¡Bandoleros!

¡Bandoleros!

Mayo 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

De todos los periodistas que han enfrentado la enfermedad del secuestro que padece Colombia desde hace 50 años, no recuerdo alguien que lo haya hecho con la valentía de Salud Hernández. Ahora, ella fue la víctima del peor de los secuestradores que hayan existido en la tierra.Es el ELN, el grupo que durante mucho tiempo asoló a Cali y al Valle. Se llevó a un centenar de personas en un ataque infame a la iglesia La María y luego cometió la misma audacia en La Cabaña, cerca al Kilómetro 18 de la carretera al mar. En esos hechos se produjeron muertos y muchas de las víctimas debieron cancelar su libertad a plazos, ante la impasible mirada de unas autoridades que en esas épocas también regañaban y señalaban a quienes se opusieran a los supuestos intentos por establecer un diálogo con los secuestradores. En contraste, nuestra sociedad pareció perder la sensibilidad frente a la peor de las amenazas, el comercio con la libertad de los seres humanos. Nos limitábamos a registrar el número de víctimas y, lo peor, a tratar de encontrar la justificación del secuestro. Si la víctima dio papaya, si debía plata, si había tumbado a cualquiera, si tenía relaciones con la delincuencia. O si, como algunos dicen ahora, Salud es la culpable “por meterse en la boca del lobo”.Desde entonces, Salud ha denunciado a muchos plagiarios. Ha pasado por encima de la ausencia de Estado, el mal crónico de Colombia y la verdadera causa de tantas décadas de violencia. Se ha metido en las entrañas del país, ha enfrentado peligros buscando a las Farc, al ELN, a los paramilitares, a los mafiosos, a todos los criminales, denunciándolos por los vejámenes que han cometido contra la dignidad humana.En esa increíble actitud de los años 90, Salud fue denunciante de primer orden. Después hubo la reacción en las épocas de la seguridad ciudadana que permitieron reducir al mínimo la industria del secuestro y liberar a centenares de personas a quienes las Farc mantenían amarradas a los árboles o en corrales alambrados en medio de la selva. Fue cuando Colombia despertó del letargo donde parecíamos dedicados a defendernos cada uno por nuestro lado y no reaccionábamos contra el desastre.Pero el secuestro no acabó y los escritos de Salud han sido denuncia permanente de los victimarios. Ahora, la víctima fue ella. Y aunque el presidente Santos diga que estaba cumpliendo una labor “periodística”, Salud dijo que fue un secuestro con todas sus letras. Y se negó a leer el comunicado que le entregaron sus plagiarios, diciendo: “No quiero prestarme para ser vocera de unos bandoleros”. Eso son los del ELN, ni más, ni menos.Si, liberaron a Salud. De nuevo hay que decir que todos tenemos el anhelo de la paz, aunque no todos estemos de acuerdo con transar la legalidad. Pero ante la posición de los cabecillas del ELN, que se niegan a devolver a sus secuestrados y no están dispuestos a dejar de secuestrar, hay que preguntar si vale la pena el sacrificio que nos piden. Si es razonable que sigan pidiendo que traguemos más sapos mientras los criminales pisotean la libertad y los derechos humanos.Salud Hernández, Diego D’Pablos y Carlos Melo fueron liberados por las presiones. De esa presión depende también que no volvamos a caer en el sopor de una paz vacía que ofrece sólo retórica mientras disfraza con palabras la ausencia de Estado y la ignominia de la violencia que causa.

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