Autoridad y celulares

Abril 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Y le siguen dando vuelta a la solución a la inseguridad que persigue a los caleños. Sin embargo, el peor de los males no está en las calles: está en las oficinas públicas.Hace cinco años, un coronel callado y metódico llegó a Cali con un programa para darle seguridad. Anduvo por todas las instancias posibles, tratando de convencer a alcaldes ausentes, a secretarios prepotentes, a concejales y a periodistas escépticos sobre las esperanzas que ofrecía su plan de cuadrantes. Ese plan demandaba entonces $15.000 millones, y empezaba por acercar la autoridad al ciudadano para construir confianza y lograr la colaboración de los caleños que ya no le creen al Estado. Pero en el CAM estaban más ocupados en ordeñar el presupuesto que en cumplir la primera de sus obligaciones: darle seguridad a los que los eligen. Así se hundió en Cali el plan que el coronel José Roberto León presentó en el 2006. En forma melancólica, porque los gobernantes se empeñaron en defender la rumba y en lavarse las manos, achacando la responsabilidad a la Nación, a la Policía y al Ejército mientras la violencia hacía de la suyas. Al coronel se lo llevaron a la Dirección Nacional y la delincuencia siguió haciendo fiestas en la capital de la alegría.Cinco años y miles de muertos después, el alcalde de ahora descubre la solución en el Plan Cuadrante del Coronel. Ahora, Leon es General y su idea es el estandarte del Gobierno Nacional en el combate a la inseguridad en las ciudades, para lo cual también ha nombrado un Alto Comisionado. ¿Cómo decirle que no, si el Gobierno municipal carece de estrategias y, sobre todo, de decisión para enfrentar la crisis? Pero sigue el mar de palabras tratando de ahogar la realidad, de ignorar lo que es evidente. Hace poco, en una de sus interpretaciones sociopolíticas, el alcalde Ospina dijo en CM& que la culpa de la violencia de Cali la tenía, entre otros, “el primer mundo” que le vende armas a los delincuentes en la frontera con México. Le faltó decir que también es culpable al inventar los celulares por los cuales atracan a los caleños.Después, acosado por las críticas, ofreció entregar $18.000 millones a la Policía. Si eso hubiera pasado en el 2006, si los gobernantes hubieran entendido entonces la importancia de lo que León propuso, si hubieran asumido el papel que les corresponde, la situación sería otra. Y no habríamos llegado a los teóricos que encuentran en los celulares y no en la indolencia oficial la razón de la violencia urbana. Y no hubieran mandado a Cali al Alto Comisionado, porque el Presidente de la República prefiere no venir para explicarle a los caleños las razones por las cuales el Palacio de Justicia está destruido, los fiscales no alcanzan, los jueces despachan desde los baños de las casas incautadas y la impunidad crece en las calles, en tanto Emcali naufraga en una interinidad ya insultante.La razón de ser de esta violencia en Cali no está en los celulares, sino en la falta de autoridad. De aquella que está al lado del ciudadano, que le genera confianza y maneja bien los recursos que le encomienda. De la que usa la fuerza cuando es necesario y no se escuda en los discursos vagos y en las ausencias para disfrazar la corrupción, la ineptitud y el clientelismo que agobian al Estado y le impiden cumplir su misión.

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