Asesinos

Mayo 07, 2017 - 07:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Los policías reprimen la protesta disparando bombas de gases lacrimógenos directo a la cabeza o al pecho de los manifestantes para matarlos. Y a su lado van grupos de sicarios en moto, baleando a quienes se rebelan contra la dictadura.

Las historias son muchas. La Universidad Central de Venezuela es violentada para reprimir a los estudiantes que protestan contra lo que está ocurriendo. Resultado: el gobierno que debe protegerla como bien público la destruye, y un estudiante en el estado de Carabobo, Heeder Lugo, recibe disparos en la cabeza que le producen la muerte. Es la misma suerte que corrió Armando Cañizales un músico de 17 años que fue asesinado en una marcha contra Maduro.

Los detenidos por oponerse a la barbarie comunista y corrupta que gobierna a Venezuela se cuentan ya por centenares. Sus derechos más elementales son desconocidos, mientras la ministra que administra las cárceles, se alía con las pandillas que las gobiernan para producir masacres.

A Leopoldo López, quien está preso en una cárcel militar, no lo ven su familia y sus abogados hace treinta y cuatro días. A cambio, uno de los líderes de la pandilla, Diosdado Cabello, publica un video apócrifo de López en un programa que le adjudicaron en la televisión oficial para incitar a la violencia. Esa es la libertad de prensa que queda en Venezuela.

Pero eso no parece importarle a Maduro, que baila mientras la muerte ahoga a su país y declara la muerte de la Constitución de Chávez con una Constituyente. Al estilo de Colombia, el dictador le echa la culpa de todo a la Constitución y procede a reformarla mediante procedimientos que le aseguren las mayorías para imponer el comunismo barato y fracasado en Cuba.

El mundo rechaza toda esa bestialidad cometida en nombre de la legalidad mentirosa que sostiene la dictadura. Esa dictadura tiene seguidores como las Farc, Gustavo Petro y Piedad Córdoba. Ellos respaldan a Maduro, muestran su solidaridad irrestricta con la represión a sangre y fuego que padece Venezuela, y justifican el hambre y la miseria a la cual la condenaron quienes han sido sus aliados por décadas y quienes protegieron a los cabecillas de la guerrilla mientras producían la violencia en nuestro país.

Y en las calles siguen muriendo venezolanos. La cabeza oculta del régimen, el comandante Padrino, muestra su cara sombría para expresar que las Fuerzas Armadas respaldan a Maduro, a Diosdado y a todo aquel que sirva para sostener el gobierno que le ha entregado a los militares todas las riquezas posibles con tal de que respalden su dictadura. A él no parece importarle que centenares de oficiales sean detenidos por expresar su descontento.

Con 37 muertos, 1700 heridos, ochocientos detenidos y un régimen que se empeña en la violencia, Venezuela padece una catástrofe. Por fortuna, los medios electrónicos permiten ver lo que acontece en Venezuela: las manifestaciones, la represión, los asesinatos, los autores, los que dirigen la masacre y la rebelión del pueblo contra la opresión. Es un espectáculo triste que no parece tener fin próximo.

No hay un día en que no haya muertos por la protesta. No hay un minuto en que los gases disparados por los militares y policías a la cabeza y el pecho de los manifestantes no traten de ahogar los pedidos de libertad. Todo eso es dirigido por quienes usan el asesinato y la represión para someter a Venezuela y mantener su poder.

Sigue en Twitter @LuguireG

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