Arrogancia y sorpresas

Septiembre 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Con la arrogancia de siempre, las Farc llegaron a La Habana para reclamar el cese el fuego, declarar a ‘Simón Trinidad’ miembro de su equipo negociador y negar los crímenes y barbaries que han cometido. Es el tono, ya conocido, de los diálogos trabajados con sigilo y durante dos años por el presidente Santos. Por supuesto que buscar la paz es una obligación de cualquier presidente. Como tampoco hay duda sobre el deseo de lograr un final de esta guerra que, con distintas facetas, lleva más de un siglo. Pero es imposible desconocer que la propuesta ya está empezando a producir una división entre los colombianos, que aparece siempre que a alguien se le ocurre preguntarle a la gente si quiere la paz y trata de mostrar a la guerrilla como idealistas políticos que asesinan en nombre de un ideal. Ese es el fenómeno que el Gobierno Nacional, cada vez más bogotano y más distante de la realidad que viven las provincias, despertó en un país antes unido en el propósito de derrotar la violencia y pese a haber sido asaltado en su buena fe. Y no una sino varias veces. Y no de balde, sino a costa de miles de muertos, de secuestrados y desaparecidos que ahora le reviven a las Farc cada que abren la boca en Cuba. Porque eso fue lo que ocurrió en las redes sociales y los medios de comunicación. Ya no es la época del Caguán, cuando los recién estrenados canales de RCN y Caracol convirtieron la negociación en espectáculo y montaron estaciones permanentes en San Vicente, desde donde emitían las amenazas de ‘Jojoy’, de ‘Palmera’, de ‘Cano’ y de ‘Tirofijo’ armados hasta los dientes y al lado de las boberías de los Víctor G. Ricardo y compañía que les llevaban whisky y cigarros para congraciarse con ellos. Ahora, las redes sociales recuerdan las tropelías cometidas por los grandes criminales de los últimos cincuenta años, sin esperar a que los canales de Tv les den la palabra. Y reclaman por los secuestrados, los desaparecidos, los desplazados y los despojados por quienes hoy se visten de civil y ya no muestran armas sino que piden que la Fuerza Pública detenga su accionar. Sin duda, mucho es lo que ha cambiado en la actitud y la efectividad de los militares y policías. Pero, de nuevo, las Farc niegan sus tropelías y tratan de dar a entender que el narcotráfico, las víctimas y la violencia no son su responsabilidad. Por fortuna el presidente Santos, que de manera sorprendente nos anunció una arremetida del terrorismo y nos pidió “templanza, paciencia y fortaleza” para aguantar su embestida, ya dijo que hay cosas que no puede aceptar. Comenzó entonces el diálogo, en medio del escepticismo, que no alcanza a disiparlo el equipo que presentó el presidente Santos. Quién hubiera pensado que el general Jorge Enrique Mora o el también general Óscar Naranjo, ahora locutor y columnista, se sentaran a negociar con quienes han sido su objetivo durante toda la vida. Eso puede ser un indicio de que la cosa va en serio.Todos queremos que el proceso iniciado con las Farc termine en algo. Según conocedores, ya hay mucho acordado, por lo cual el Presidente ha fijado un plazo de meses. Es de esperar que no nos sorprendan y no nos pidan que olvidemos los crímenes de lesa humanidad que cometieron y ordenaron los jefes de la guerrilla.

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