America first

Enero 22, 2017 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

El ceño fruncido, el capul engominado, el saco abierto, la corbata larga con exageración y de rojo chillón. El bamboleo al caminar de pistolero que desafía, listo para la contienda. “Señoras y señores, el presidente electo de los Estados Unidos, Donald John Trump”, dice el presentador. Luego del juramento sobre dos biblias, la suya sobrepuesta a la que usó Abraham Lincoln, el que durante cuatro años será el jefe del país más poderos sobre la tierra empezó su discurso con el lema de lo que será su gobierno: “America first”. Su intervención no pudo reflejar mejor la personalidad del autor. Para Trump, él es el principio de la creación y lo que hicieron los seis antecesores que estaban presentes en la ceremonia no cuenta, estuvo mal hecho o hay que borrarlo de un plumazo. Como ningún presidente de los Estados Unidos, quienes siempre reconocieron el progreso y hablaron de la esperanza, describió a su país como una carnicería que debe terminar. Y llamó al pueblo, en un discurso que por momentos parecía escrito por Fidel Castro, Nicolás Maduro o Rojas Pinilla. Ese pueblo olvidado, pisoteado, empobrecido, ignorado, será el que gobierne en adelante. Es decir, el poder de Washington, del Congreso en un país con un sistema parlamentario, ya no existe.Ahora manda él y las mentiras también valen. Le tiene sin cuidado que hubiera perdido por más de dos millones de votos, porque el complejo sistema electoral lo haya llevado a la presidencia. Lo tiene sin cuidado que su Nación está más dividida que nunca. Lo que necesita es respaldo popular para poder hacer lo que a él le interesa, aprovechando el descrédito de los políticos. Para eso echó mano de la demagogia propia de los dictadores latinoamericanos. “Ustedes no volverán a ser ignorados jamás”, le dijo al pueblo. Y no se refirió al respeto por las diferencias que hacen grande a los Estados Unidos. Es su manera de enfrentar la posibilidad cierta de que Demócratas y Republicanos ejerzan el poder de control y de decisión que le otorga al Congreso la Constitución. Ahora se trata de hacer cerrar las fronteras y de hacer negocios, así sea amenazando la ‘ruinosa’ alianza con Europa, o descalificando las aperturas comerciales y a China o afrentado a México. Ni una mención a Latinoamérica a la que no conoce ni le interesa. Su política internacional no necesitó de muchas explicaciones porque no existe, salvo porque el Secretario de Estado será el expresidente de la Exxon Mobil, amigo cercano de Vladimir Putin.Y al frente estuvieron los medios de comunicación, descalificando a Trump, contando sus miserias, acrecentando el escándalo de sus relaciones con la Rusia de Putin y mostrando los desórdenes que cientos de personas protagonizaron en las calles de Washington con asonadas incluidas, igual a lo que pasa en Colombia cada primero de mayo. Es el inicio del choque de poderes que tendrá lugar en el país de las libertades con la libertad de prensa de por medio. No faltaron las referencias a los vestidos de la nueva primera dama, la tercera esposa del Presidente. O a lo que usaron sus hijas, o al parecido de su último hijo Barron con Trump, el mismo capul, la misma postura, el mismo ceño fruncido de su progenitor. Nada faltó en un cubrimiento lleno de tensión y de dudas sobre lo que pasará en el inmediato futuro. Así empezó el gobierno de Trump. O la pesadilla de los Estados Unidos y del mundo, según el cristal con que se mire.

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