Algarabías y silencios

Algarabías y silencios

Enero 16, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Jueves 12, 9:00 a.m. Mi señora me echa la bendición cuando salgo para el trabajo. Piensa que el cambio vial por el hundimiento de la Avenida Colombia implicará un riesgo grande, como quiera que debo pasar por la zona más peligrosa de la ciudad, El Calvario y su vecindario.Pero, ¡oh sorpresa! La vía fue cerrada por sólo pocos minutos, suficientes para que el Alcalde pusiera la primera piedra del hundimiento. Sí, del hundimiento. Comprendí que tal papayazo no podía ser desaprovechado por nuestro perspicaz Mandatario. Jorge Iván citó a toda la prensa, se puso el casco, tomó una pala y cavó unos centímetros. O sea, no puso sino que cavó. La piedra la pusieron los enemigos de las megaobras. Después, la vía fue abierta para “vehículos livianos”. No obstante, en el camino me encontré con tractomulas, camiones, buses destartalados. El cambio consistió en meter en 2 carriles lo que antes transitaba por 4. Pero el estrépito valió la pena para resaltar a quien usa el corazón para promoverse como el transformador de Cali. Lo mismo que cuando aplazó por un día el inicio del hundimiento. La razón del aplazamiento fue exótica: es que en la Feria, los caleños, no el Municipio ni el Alcalde, aportaron 90 toneladas de alimentos para los damnificados por el invierno. Entonces Ospina encontró otro papayazo para mostrarse esta vez como el líder de la solidaridad. La ocasión se mejoró con la presencia de la primera dama de Colombia, doña Tutina de Santos, a quien le hizo entrega solemne, es decir frente a las cámaras y los micrófonos, de esa ayuda.Creo que doña Tutina desairó al burgomaestre cuando dijo que las cajas marcadas con el corazón de Jorge Iván se quedarían en el Valle. Pero, con su algarabía, el médico logró el objetivo: promover su figura. Considero injustos los términos de populista barato y de show de mal gusto que quiso explotar la tragedia de los damnificados con que descalificaron su brillante actuación.Sin embargo, en este principio de año tan fructífero para Jorge Iván me asaltó la inquietud: ¿Por qué calla frente a los contratos que autorizó a dedo el presidente de Metrocali para explotar, por apenas 24 años, la publicidad y la venta de comidas en las estaciones del MÍO? ¿Por qué su silencio ante la coincidencia de tener como estructurador de las megaobras al mismo Rodrigo Cerón que perpetró idéntico papel en las vigencias futuras del Departamento en tiempos de Juan Carlos Abadía? ¿Por qué no dice nada sobre la otra coincidencia, el que dos de los contratistas de esas vigencias futuras también fueron adjudicatarios de las megaobras? Y al final, me sorprendí al conocer el manejo de la boletería del Salsódromo y los eventos en la Autopista Suroriental, por unos personajes que, según dicen, son cercanos a funcionarios municipales. Y cuando la unidad investigativa de El País contó la historia y el negocio de un tal René Carrejo, al parecer del partido del Alcalde y amigo de su hermano Diego, el de Venezuela. Se dice que Carrejo agarró a trompadas a un funcionario de la Secretaría de Gobierno en el CAM. Entonces volví a preguntar por qué calla Jorge Iván. Y pensé que nuestro Alcalde transformador y solidario debería sacar un tiempito de su agenda publicitaria para aclarar asuntos que reclaman respuestas. En ese momento, mi señora volvió a echarme la bendición.

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