Al tablero

Marzo 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Luego de años de desafiante arrogancia, se les cayó la estantería a los Nule. Ahora empieza el esculque de los otros grupos que contrataron con el Estado, según da a entender la investigación que inició la Contraloría General en la firma Solarte y Solarte. Durante los últimos años, los contratistas de obras públicas se convirtieron en vedettes, no tanto por las obras que construyeron sino por los contratos que recibieron, en negocios cuya magnitud es difícil calcular. Para la historia quedará la portada que le dedicó la revista Semana a los Nule, mostrándolos como el milagro empresarial del Siglo XXI. Pero muchos sectores no estaban de acuerdo con lo que ocurría en la contratación pública y la concentración en grupos que realizan toda clase de actividades. Así como los Nule tienen intereses en carreteras, en gas, en energía, en acueductos y alcantarillados, aparecieron estrellas que se llenaron de negocios, de concesiones y de intrincadas redes que se cruzan en multitud de empresas y los más disímiles intereses.Aparecieron también muchas preguntas. Ciudades como Cali vivieron la embestida de personajes como don William Vélez que se quedó con el alumbrado público de Emcali con la misma facilidad con que la Superintendencia de Servicios Públicos en las épocas de doña Eva María Uribe le adjudicó el relleno sanitario de Yotoco. Contratos ajustados a la ley, claro está, que se repicaron en multitud de sitios de Colombia y llevaron a que los medios lo destacaran como modesto y dedicado empresario.También pasaron cosas como los contratos para construir la infraestructura del MÍO en las épocas de Apolinar Salcedo. O como la malla vial del Valle, que no se ha terminado en doce años, mientras los concesionarios, los señores Solarte, llevan catorce años cobrando los peajes y les ampliaron la concesión hasta el 2052. Es decir, 40 años más. Son los mismos Solarte que tienen concesiones por $5,5 billones, a los cuales premiaron entregándoles 60 kilómetros de la vía a Buenaventura y la reconstrucción de la carretera Simón Bolívar.Y coincidencias como el mismo estructurador que recibió jugosas comisiones de ‘éxito’ por las vigencias futuras de Abadía y las megaobras de Cali, donde dos contratistas, Conalvías y Vergel y Castellanos, ganaron en ambos proyectos. Además tienen relación con los Nule ya que Conalvías los remplazó en la calle 26 de Bogotá, mientras Vergel y Castellanos es su socio en la vía Bogotá-Girardot y en la Isnos-Paletará.Ahora, y motivados quizás por la polvareda que levantó el desastre de los Nule, los organismos del Estado empiezan a esculcar a esos contratistas, haciendo las preguntas que todos nos hacíamos antes. Preguntas que se quedaron sin respuesta, no obstante que estaban en juego billones de pesos del Patrimonio Público.En medio del desconcierto se destaca el esfuerzo de la Cámara Colombiana de la Infraestructura por darle transparencia al gremio de los contratistas. Al incorporar a sus estatutos un código de ética, obligar a sus afiliados a firmarlo y establecer un tribunal que juzga y puede expulsar a los infractores, le están devolviendo credibilidad a una actividad manchada por los atropellos de los Nule y muchos de sus colegas, aquellos para quienes lo importante no es cumplir sino enriquecerse.

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