¿A qué vinieron?

Mayo 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Después de los debates que se han producido en Cali por la inseguridad que padecen los ciudadanos, por aquí aparecieron dos Ministros que en pocas horas se enteraron sobre los hechos, dieron sus diagnósticos, hicieron sus promesas e impartieron instrucciones terminantes sobre lo que el Estado hará para devolverle la tranquilidad a la ciudad. Primero llegó el Ministro del Interior y la Justicia, quien se reunió a puerta cerrada con el Alcalde, algunos funcionarios de la Rama Judicial y uno que otro de los 24 aspirantes a la Alcaldía. De esa reunión salió un anuncio como los de toda la vida: que sí, que qué vaina que en Cali no se haya podido recuperar el Palacio de Justicia, pero que qué pena pero no ha habido plata. Y que sí, que hay 57 vacantes de Fiscales, pero que qué pena, pero es que aún no se pueden nombrar. Y reaparecieron los mismos anuncios de los últimos cinco años: que sí, que la plata para terminar el Palacio se entregará en los próximos dos años. Y que sí, que los 57 Fiscales que hacen falta para combatir la impunidad, serán nombrados en los próximos dos años. Es decir, la respuesta de siempre, ahora en boca del ministro Vargas Lleras. Algunos días después llegó el ministro de la Defensa con su séquito de Generales de la Policía y del Ejército. El ministro Rivera no viajó hasta el CAM y tampoco se reunió con candidatos. Se quedó en la Base Aérea, la cumbre duró dos horas y a ella asistieron poquísimas personas además del Alcalde. Y pasó lo mismo de cuando el entonces presidente Álvaro Uribe: que sí, que qué vaina con Cali. Que sí, que, como en Medellín, el problema es de las oficinas de cobro y las Bacrim. Que ofrecemos recompensa por un delincuente de quien nadie ha oído hablar. Que sí, que llegarán 100 policías más. Y que no, que no podemos prohibir el porte de armas. Después de la foto y la declaración del Ministro, la delegación partió. Nueve días después, el patrullero Wílber García detuvo su bicicleta en el semáforo de la Calle 48 con Carrera 39 c, en el barrio Antonio Nariño. Un menor de edad le apuntó con un arma, le arrebató el celular y le disparó, causándole la muerte. Inmediatamente apareció la recompensa por el asesino. Y el pasado miércoles a las 7:30 p.m., el capitán Carlos Arturo Contreras llegó al semáforo de la carrera 1c con Calle 52 del barrio Brisas de los Andes. A lado y lado de su carro aparecieron sendas motos, sus ocupantes desenfundaron armas, le exigieron la entrega de su celular y le descerrajaron un tiro en la cabeza. Se anunció recompensa.El acompañante del Capitán describió a los atracadores. A las pocas horas, dos personajes con rasgos parecidos fueron detenidos con celulares robados y en moto. Pero sólo fueron judicializados doce horas después porque no había Fiscales disponibles. Es decir, la inseguridad en las calles de Cali no es cuento ni es histeria. Y también amenaza a la autoridad. Es decir, las tales cumbres son inútiles porque quienes llegan de Bogotá no se comprometen con los caleños. Es decir, el problema de Cali no son las oficinas de cobro que pregona el Gobierno Central, ni se resuelve con recompensas: es la indolencia del Estado con la amenaza que padecen los habitantes de la capital de la alegría. Por eso, a veces hay que preguntar a qué vienen los Ministros y los Generales.

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