¡15,4%!

Septiembre 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Mientras en la capital de la República se canta victoria por la reducción del desempleo en Colombia, Cali y el Valle siguen inmersos en una desapacible campaña política llena de jugadas sucias. Semejante divorcio es el que hace reclamar por las épocas en que nuestra región descollaba por el empuje de sus dirigentes públicos.Cuando vi al mministro de Hacienda regodeándose porque el desempleo había caído al 11,6% de la fuerza laboral, el indicador más bajo de los últimos 10 años, me pregunté de qué país estaba hablando. Miré las cifras y descubrí que hablaba con orgullo del 9,6% de Bogotá, del 6,9% de Barranquilla, del 5,9% de San Andrés y hasta del 12,4% de Medellín. Y me dio envidia ver esa cara de satisfacción del funcionario quien con mal disimulada sonrisa decía que aquel resultado de julio “no era suficiente”. Me pregunté si alguien se ha dado cuenta que en Cali subió el desempleo al 15,4%. Y que el de Popayán es el 17,9%, el de Quibdó es el 17,8% y el de Pasto el 13,7/%. Es decir, que la región pacífica sigue siendo víctima de la falta de oportunidades. Además, me vino a la memoria la guerra que se libra en el suroccidente de Colombia contra la guerrilla y toda suerte de delincuencias que viven del narcotráfico. Al ver la sonrisa del Ministro pense que tal vez a él no le lleguen esas realidades. Que a lo mejor sea inoportuno llamar la atención por la degradación constante de las condiciones de seguridad y de las oportunidades en nuestra región. Pensé también que debía ser muy molesto para muchos el mostrar que el deterioro plausible de la región está golpeando sin prisa pero sin pausa al Valle y a Cali, los grandes receptores de los dramas sociales que produce las guerra en el norte del Cauca y el Pacífico. Me pregunté también por qué caen en el vacío las valerosas denuncias de monseñor Héctor Epalza sobre la situación en Buenaventura donde el desempleo supera el 50%. O por qué el Hospital Universitario del Valle les interesa sólo a unos pocos y apenas se escucha la voz del Gobernador del departamento clamando a la Nación por soluciones. Volví entonces a ese 15,4% de desempleo en Cali y al más del 45% de empleo informal, o mejor de desempleo disfrazado que presenta una ciudad donde algunos se empeñan en decir que ya estamos en la economía de servicios mientras la mayoría vive en la economía de la supervivencia, del sálvese quien pueda y de la desesperanza. Me pregunté entonces por qué a los alcaldes de Cali no les preocupa generar condiciones para que la inversión privada no huya de nuestra ciudad. Fue cuando recordé que estamos en campaña electoral, furiosa batalla de descalificaciones, mentiras, trampas y amenazas. En la que el establecimiento que se apoderó de las instituciones ya no representa a los vallecaucanos y caleños en las decisiones nacionales porque está afectado por la corrupción y la venalidad, infectado por el narcotráfico y dispuesto a cualquier cosa con tal de mantener su dominio.Ahí entendí las razones por las cuales el Ministro sonríe ante el supuesto descenso de la tasa de desempleo. Es que ese 15,4% no nos importa, pesamos cada vez menos en el contexto nacional y si nos mencionan es para comentar el último escándalo, el último decomiso de drogas, la muerte de soldados y guerrilleros o para darnos el pésame por lo que nos está ocurriendo.

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