Reflexionar en la reconciliación

Diciembre 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Felipe Gómez Restrepo

La época de diciembre, en el contexto de la celebración de la Navidad, es un tiempo para reflexionar sobre la reconciliación. Un tema que moviliza la esperanza creciente y también la incertidumbre frente a la firma de los acuerdos en La Habana.La reconciliación se ha vivido en experiencias muy concretas en diversos países donde ha habido procesos de transición para salir de situaciones de violencia dictatorial o de conflicto armado. Unas se han centrado de manera muy fuerte en la justicia retributiva, es decir, en el castigo a los victimarios, normalmente por medio de proceso judiciales especiales que demanda proporcionalidad sobre los crímenes cometidos. Otras son sustentadas sencillamente en “pasar la página”, como una especie de olvido, que se hace sobre la ingenua perspectiva que olvidar asegura el perdón. Ahora bien, al valorarse el restablecimiento de relaciones resquebrajadas durante el conflicto, estas posiciones se han matizado con los derroteros de la justicia restaurativa en la que prima la construcción de futuro desde la cohesión y la convivencia social de los diversos y los diferentes, pero sosteniendo esta reconciliación sobre la memoria transformadora y no sobre el olvido encubridor.La verdad entonces, como fuente para ambientar experiencias de reconciliación, se ha buscado desde la totalidad de actores y narrativas, como las asociadas a las Comisiones de la verdad, construyen las narrativas de la memoria en clave de su representatividad y como de búsqueda de caminos de reconciliación.Sin excluirse estas maneras de concebir la reconciliación, también se le ha buscado sobre la base de la comprensión entre todos los actores, víctimas y victimarios, en donde la narración busca ser comprendida, con base en un profundo diálogo. Finalmente, estos abordajes sobre el pasado y con la promesa de la reconciliación coinciden en el horizonte de resolver las inequidades estructurales a través de la justicia de oportunidades centrando la reconciliación en la posibilidad de desarrollar proyectos que generen un nuevo futuro económico y social para una nueva sociedad, es pues la necesidad de reconstruir una economía dañada por el conflicto.Cada uno de los modelos se ha materializado con un énfasis o articulación dosificada en el olvido, la justicia, la verdad, la comprensión y el desarrollo. Aun con esto, las políticas de reconciliación solo son posibles en lo más interno de la sociedad, en los individuos y los colectivos que la conforman, reducirlo a la voluntariedad de los individuos o a una mecánica gregaria es un absurdo. La reconciliación debe considerar ese sufrimiento y esa esperanza encarnada en seres concretos y a su vez constituyentes de familias, comunidades y regiones donde se deben dar nuevas formas de interactuar y convivir luego del dolor.Finalmente, desde un punto de vista cristiano la reconciliación significa una gracia de Dios y un proceso. El Servicio Jesuita a Refugiados que ha acompañado en diversos lugares del mundo este tipo de procesos afirma sobre ella: “la reconciliación está, pues, en condiciones de asumir tanto un pasado doloroso interpretarlo a la luz de la purificación de la memoria como un futuro más significativo y constructivo interpretado en la esperanza”. Reconciliación significa también esperanza.* Rector Universidad Javeriana Cali

VER COMENTARIOS
Columnistas