La hora de la grandeza

Julio 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Felipe Gómez Restrepo

Con la firma del cese bilateral del fuego entre las Farc y el Gobierno, quedamos adportas de un nuevo capítulo de la historia del país. Aún con las reservas de parte de un sector de la sociedad, fundadas ellas en temores no siempre gratuitos, estamos iniciando la reconfiguración del país en un horizonte de esperanza. El nuevo escenario quisiéramos poderlo llamar el de la grandeza. Él reclama a todos los actores sociales del país una disposición positiva y proactiva, que va a implicar esfuerzos de todos. La construcción de la confianza es vital para que las diferencias puedan superarse o por lo menos buscar la posibilidad de coexistencia de todos los actores. Bien sabemos, la urgencia de los procesos de reconciliación, donde los diferentes son capaces de reconocerse y aceptarse para resolver sus diferencias lejos de las armas y la violencia. Y más hondos, son los procesos de perdón, generados desde la más profunda dimensión humana, las personas son capaces de sanar las heridas y hacer los duelos sobre los dolores que el victimario ha causado.El perdón es un sentimiento profundo que no siempre es inmediato, sino que requiere procesos que toman sus tiempos, no todos los seres humanos tenemos la misma capacidad de perdón. La reconciliación, en cambio, como reconocimiento y aceptación del otro distinto y contradictor es urgente y necesaria para iniciar una transición que nos permita dejar la violencia en nuestro pasado y construir desde el dialogo y la diferencia. Como sociedad tenemos un reto muy grande. Hacer la transformación de las Farc de un ejército irregular a un actor social y político, no será fácil. Por ello, me llamó positivamente la atención la idea del rector de la Universidad del Valle, quien está pensando en ofrecerles formación en política pública a los cuadros de las Farc. Cada uno debemos dar pasos en este sentido, con generosidad y creatividad.Otro reto como sociedad es la reinserción de muchos militantes de las Farc al sistema productivo colombiano, en general; y en particular a la reconstrucción social y económica de los territorios azotados por la violencia. La empresa privada ha tenido diversas experiencias de reinserción; ahora corresponde, pensar en formulas para aportar al desarrollo rural, con foco territorial y de forma integral. Es decir, la clave está en pensar en soluciones sostenibles para la ruralidad colombiana, más allá de las ayudas y subvenciones estatales. En los territorios la institucionalidad debe reforzarse y en otras definitivamente construirse, porque su ausencia histórica permitió la aparición de las violencias. A este respecto, la formación y fortalecimiento de capacidades locales para el ejercicio del servicio público es prioritaria.En las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, es fundamental, la generosidad y la apertura. Apostar por terrenos blindados, que se convierten en enclaves dentro del Estado y la Sociedad no es lo más conveniente. Todo el país debe entrar en esta lógica de soberanía de la reconciliación, y por ello, abrir sus puertas para que en todos los territorios se den estos procesos de reconstrucción, mediante programas de desarrollo territorial, con perspectiva intercultural, es obrar con grandeza para no dejar pasar esta oportunidad histórica de construir juntos desde la diversidad.* Rector Universidad Javeriana Cali

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