Un mundo realista

Enero 21, 2011 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Un mundo cambiante y más realista obliga a meditar sobre su futuro. Y en estos tiempos de crisis, la llamada ‘realpolitik’ se impone. Algunos ejemplos. En Estados Unidos la visita del presidente chino, Hu Jintao, se convirtió en un despliegue de la realpolitik, establecida desde tiempos del archirepublicano Henry Kissinger y ahora adoptada por el supuesto archidemócrata Barack Obama. La pompa de Washington saludó al líder chino que llegó, en calidad de ‘banquero’ y salvador, a sostener negociaciones económicas y políticas con su colega norteamericano. Y lo hizo desde una posición de superioridad, ya que los chinos le prestan a Estados Unidos y mantienen a flote su enferma economía, mientras ostentan sus riquezas y un envidiable 10,3% de crecimiento. Obama prometió no molestarlo demasiado con asuntos como la cuestión de los Derechos Humanos. Y si bien el tema se evocó para callar a los críticos, se hizo sin insistencia para mejor dedicarse a diferencias económicas como los desequilibrios comerciales entre los dos países y la subvalorización del Yuán, que frena toda competencia. Y se discutieron problemas relacionados con la seguridad de ambos países, y censuras y pirateo al sistema internet norteamericano. China también alimenta reproches hacia Estados Unidos relacionados con las ventas de armas a Taiwán, el apoyo al Dalai Lama y la idea de que busca frenar el progreso chino. Todo se ventiló en aparente cordialidad. El chino, contentó por la importancia que se le dio en Washington y por ser reconocido como líder de una superpotencia que habla de igual a igual con los noteamericanos. Y Obama, tranquilizado sobre el estado de su deuda con China y satisfecho de percibir, de parte de su colega, alguna preocupación respecto a Corea del Norte, Irán y los Derechos Humanos. La visita puede calificarse de exitosa.En Tunisia la huida del dictador Ben Ali y su familia a Arabia Saudita sacude al Medio Oriente por el efecto dominó que puede producir. De repente los árabes se dan cuenta que pueden expulsar a sus tiranos sin ayuda extranjera y sin caer en las garras del islamismo. Y es así que desde que cayó Ben Ali -después de 22 años de despotismo y corrupción-, Libia y Jordania levantaron sus impuestos sobre los productos alimenticios de primera necesidad; Egipto aboga por los derechos democráticos y advierte contra la amenaza de los Hermanos Musulmanes, el grupo de oposición ilegal más poderoso y radical de la región; Marruecos tiembla bajo una monarquía obsoleta; Argelia, que pagó con 200.000 muertos su revolución a manos de los islamistas en los años 90 y a penas se recupera de sus dolencias, defiende sus esfuerzos. Las repercusiones del golpe en Tunisia alimentan esperanzas, pero también preocupaciones. Y quisiera mencionar la crisis política en Israel al separarse el Partido Laborista de la coalición de Gobierno del derechista (del Likud) Benjamin Netanyahu. Los laboristas exigen una política clara y determinada para llegar a la paz con los palestinos y la creación de su Estado. Netanyahu juega con la ambigüedad. Lo curioso es que el líder del laborismo israelí es Ehud Barak, actual ministro de Defensa quien ahora disiente con su partido y quiere seguir los lineamientos políticos de Netanyahu. Para hacerlo libremente pretende crear un nuevo partido que llamaría ‘Independencia’. ¿Por qué el viraje?: Barak lo explica relatando sus fracasos en los años 1999 y 2000, cuando era primer ministro e hizo el esfuerzo para hacer la paz con los palestinos: retiró las tropas del sur de Líbano y negoció la paz con Yasser Arafat, a quien le concedió más del 95% de sus exigencias. Pero Arafat no aceptó. Tantos esfuerzos y fracasos explican su comportamiento de ahora. Entretanto, la crisis del Partido Laborista resulta muy dañina para el proceso de paz y anuncia más dolores de cabeza...

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