Tratar de comprender

Septiembre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Tratar de comprender la -compleja, caótica, absurda y surrealista- situación en Siria es una tarea obligada si queremos evaluar las vacilaciones que torturan a Barack Obama al respecto. Veamos.1. El dilema que surge en Estados Unidos (la ONU y los países occidentales en general) lo causa el hecho que en el conflicto sirio no ven buenos y malos para poder tomar partido. Solo ven malos y menos malos, enfrentados en forma sanguinaria y la urgencia de intervenir para evitar más víctimas. En Siria, como en las demás ‘primaveras árabes’ los liberales que iniciaron la revueltas fueron dominados y desplazados por islamistas rabiosos cuyas aspiraciones no son democráticas ni sociales sino inclinadas hacia el totalitarismo teocrático y la instalación de la Sharia y el Califato. Sucedió en Túnez, Egipto, Libia y ahora en Siria donde la larga duración del conflicto permitió la llegada de miles de ‘yihadistas’ y extremistas tipo Al Qaeda de todo el mundo musulmán a librar una guerra santa aniquiladora y despiadada contra los ‘herejes’ en el poder. Resultado: más de 110 mil muertos en dos años y el agravante de ver armas químicas utilizadas sin compasión contra la población indefensa. Occidente se pregunta: ¿Cómo actuar? y, ¿a favor de cuál parte cuando todos los actores en el conflicto cometen atrocidades y por igual violan abiertamente los derechos humanos? 2. Ante el dilema los occidentales se dividen en dos grupos. De una parte se encuentran los negados a una intervención militar y buscan un acuerdo entre dos malhechores. Ellos dudan de la responsabilidad de Bashar al-Asad en el uso de armas químicas y -apoyados en la teoría de “A quién beneficia el crimen”- piensan que los rebeldes pueden haberse gasificado a ellos mismos para conmover a la comunidad internacional. Este grupo de reticentes también se acuerda que fue engañado por Colin Powell antes de la guerra de Bush (hijo) en Irak con falsas pruebas asegurando que Sadam Hussein tenía “armas de destrucción masiva...” y no quiere repetir la terrible experiencia.Por otra parte están a los occidentales que se sublevan contra el uso de armas químicas en Siria y que a finales del mes pasado mataron (en un solo ataque) a cerca de 1.400 personas, en gran parte niños. Un espectáculo espeluznante que Estados Unidos y los occidentales en general atribuyen totalmente al régimen del presidente sirio Bashar al-Asad y quieren castigar, en nombre de la decencia y de los Derechos Humanos. Pero no llegan a un acuerdo, frenados por una opinión pública adversa a hacer más sacrificios fuera de sus fronteras y a un grupo de aliados de Siria, con Rusia a la cabeza (y China e Irán), que se les oponen rotundamente. 3. Entretanto los desconcertados occidentales están comenzando a aceptar evidencias omitidas hasta el momento. Exceptuando a Egipto, tratan de la realidad de un Medio Oriente artificialmente diseñado con países creados después de la Primera Guerra Mundial (ver Acuerdo Sykes -Picot) sobre las ruinas del Imperio Otomano, y sin tener en cuenta el factor humano. Allí conviven sunitas, chiítas, alauitas, kurdos, drusos, cristianos y en una época judíos... de profundo arraigo étnico y religioso. Un pluralismo que logró sobrevivir y desarrollarse gracias a los gobiernos implacables de los dictadores, pero cuando los dictadores comenzaron a desaparecer de inmediato surgieron las diferencias y se instaló el caos, de modo que pensar en ‘primaveras árabes’ y democracia a la occidental en el Medio Oriente, antes de entender el fenómeno y buscar la manera de manejarlo, resulta iluso. Justamente, antes de enviar mi nota, leí la carta del presidente ruso Vladimir Putin al pueblo norteamericano para aleccionarlo sobre el tema.

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