Tilín y paletas

Octubre 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

En estos momentos los norteamericanos sólo hablan de los debates presidenciales -para criticarlos. Diseñados para convencer a los ‘indecisos’, estos debates costaron una fortuna y fueron seguidos por más de 70 millones de espectadores para terminar sin aportar nada nuevo en el conocimiento de los candidatos enfrentados -el demócrata Barack Obama y el republicano Mitt Romney- y sus programas de gobierno. Mucho tilín y nada de paletas. Los indecisos no se deciden y todo quedó en ‘show’, demagogia, vaguedades, mentiras y omisiones. Veamos.- El ‘show’: un montaje perfecto y espacios de televisión en hora triple A. Los candidatos llegaron a los debates después de una preparación intensa para absorber toda la información necesaria y perfeccionar el manejo de su imagen; es decir cómo mostrase ‘presidenciales’, fuertes, sinceros, sensibles, sonreír o indignarse a tiempo, caminar, pronunciar ciertas palabras, no perder la calma, y sobre todo, evitar las improvisaciones para no cometer los ‘lapsus’ que un adversario al acecho puede aprovechar. Obama y Romney se entrenaron a la manera de dos actores consumados pero el resultado no fue satisfactorio. Denzel Washington y Harrison Ford lo hubieran hecho mucho mejor.- La demagogia: pensé que Estados Unidos era un país curtido en el ejercicio de las libertades de expresión y opinión y curado de las demagogias propias de los países subdesarrollados. Me equivoqué al encontrar que los candidatos presidenciales utilizan la demagogia como arma de convicción eficiente. En cada debate, los teleespectadores tuvimos que soportar historias contadas con voz de llanto sobre la madre del uno que educó a sus hijos sin la presencia del padre o del obrero inválido que se encontró con el otro y le pidió ayuda para conseguir un empleo. Se olvidan los candidatos que la vida de la casi totalidad de quienes los escuchan está repleta de casos parecidos y aún más conmovedores, y que utilizarlos en un debate como prueba de sensibilidad y buen corazón se torna en demagogia y cursilería infinita. Son tácticas que en (la vieja) Europa no funcionan, al contrario aburren y repelan.- Las omisiones: fueron varias en los debates y bastante reveladoras. Entre otras el medio ambiente, tan importante y descuidado o las mujeres, grandes víctimas de las ‘primaveras árabes’... Y obviamente lo que más nos molesta, América Latina. Fuera de una alusión efímera de Mitt Romney cuando dijo, “Lo cierto es que la economía de América Latina es tan importante como la economía china. Todos miramos a China. América Latina es una gran oportunidad para nosotros”, el continente latinoamericano fue totalmente ignorado. Y la alusión de Romney no tuvo eco desde el lado demócrata de Obama. Y no se habló de Cuba, cuyo tema se imponía en el debate sobre política internacional que se llevó a cabo el día 22 de octubre cuando precisamente se conmemoraba el 50 aniversario de la Crisis de los Misiles que pudo haber desembocado en conflagración mundial. Ni siquiera para analizar las lecciones aprendidas de tan peligroso momento. México -anteriormente considerado un socio político esencial-, no fue mencionado pese a la violencia que padece por su guerra contra los narcos, en la cual Estados Unidos comparte enorme responsabilidad. O Venezuela que abre sus brazos a Ahmadinejad de Irán y financia un club antiamericano en el continente. Y ni siquiera Brasil, una democracia vibrante y la octava economía del mundo. Colombia, país amigo de Estados Unidos y en pleno proceso de paz con la guerrilla, mucho menos...La sensación que nos queda: no importa quién gane el próximo 6 de noviembre, el ‘patio trasero’ no figura en el programa económico, político o diplomático de los próximos 4 años del Gobierno norteamericano.

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