Siria le apuesta al miedo

Siria le apuesta al miedo

Julio 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

En Siria, durante años, el régimen baasista -en el poder desde 1963- le apostó al miedo para sostener su corte dictatorial y justificar sus más abyectos abusos. Hafez el Assad fue su mejor intérprete cuando tomó las riendas del país en 1970 y cuando falleció en el 2000, su hijo Bashar le sucedió. Por 41 años, los dictadores Assad, primero el padre y luego el hijo, se adueñaron de Siria y ahora no la quieren soltar. La revuelta siria se sumó a la llamada ‘Primavera Árabe’, bajo condiciones brutales. Sin embargo se sostiene: sin fuerzas de Otan, sin ONG, sin periodistas extranjeros, sin informacion adecuada... Con un heroísmo a toda prueba. ¿Cómo hace Bashar el Assad para resistir a tanta determinación para tumbarlo? Como siempre se hizo en este país (y la mayoría de los países dictatoriales de la región), él se vale del instrumento ‘miedo’. 1) Miedo a la represión. Desde el estallido revolucionario que surgió a mediados de marzo, el régimen sirio no retrocede ante ninguna brutalidad para reprimirlo. Se ensaña contra hombres, mujeres e incluso niños, llevando el saldo de muertos a más de 1.500 y de refugiados a más de 15.000. Tanques, bombardeos, arrestos masivos perpetrados por tropas leales a Bashar y los ‘shahibas’ o milicias especiales comandadas por su hermano Maher. Todo apoyado sobre la teoría del “complot” proveniente del extranjero (sin precisar cómo y por qué) y atribuyendo el baño de sangre a unos 64.000 “colaboradores” sirios que, según el régimen, sólo buscan desestabilizar y dividir al país, y cuya identificación sería la solución al problema. 2) Miedo a la divisiones religiosas. La llegada del baasismo de corte socialista y laico en Siria se entendió como un loable rechazo a los extremismos religiosos. Pero Hafez el Assad lo degeneró y lo aprovechó para imponer su legitimidad como máximo líder de la nación -pese a su pertenencia a la comunidad alawita (una secta shiíta del Islam) que sólo representa el 10% de la población- e imponerse a los sunitas que representan a más del 80%. Y también justificar la terrible represión de una rebelión sunita en Hama que, según estimaciones modestas, habla de 10 mil muertos en muy pocos días. Ahora, su hijo Bashar el Assad vuelve a enfatizar el peligro del extremismo sunita y el salafismo y se erige en defensor de las minorías alawitas, druzas, cristianas, ismaelitas y otras (la antigua comunidad judía casi no existe; fue erradicada en los años 50 y 60 junto a las demás antiguas comunidades judías de todo el mundo árabe, sumando cerca de un millón de personas). Los opositores al actual régimen sirio aseguran que la rebelión no es religiosa, sino democrática. Pero el miedo subsiste.3) Miedo a Israel. Cabe señalar que aunque Siria se proyecta como el más acérrimo enemigo de Israel, la frontera sirio-israelí se distingue por ser la más pacífica de todas y no conoció el menor incidente desde 1973. Bashar el Assad combate Israel a traves del Líbano y la ayuda de Hezbollah y Gaza con un Hamas fanatizado y negado a cualquier reconocimiento del Estado judío. Ni siquiera Damasco se movió cuando Israel bombardeó una instalación nuclear en Siria. Sin embargo, hace un mes, en plena revuelta y crisis interna se registró el primer incidente fronterizo con Israel cuando unos 200 refugiados palestinos trataron de forzar la línea de demarcación con ese país en el Golán y el Ejército israelí disparó y mató a varios. El lamentable incidente produjo una extraña reacción: los palestinos acusaron al gobierno de Assad de provocarlo con la esperanza de crear un ambiente bélico con Israel, y así distraer a los sirios y al mundo de sus problemas internos. Los mismos líderes palestinos que montaron el incidente fueron duramente criticados. El miedo tiene límites...

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