Revoluciones tristes

Revoluciones tristes

Febrero 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

A pesar de los sacrificios que exige, en toda revolución la alegría está presente. La procura la satisfacción de contribuir al cambio anhelado contra los abusos y los maltratos y la esperanza de un futuro mejor. En las plazas revolucionarias la gente grita, denuncia y reclama pero también canta, llora, ríe y se abraza... Este ingrediente de alegría parece faltar en las manifestaciones revolucionarias que en este momento se dan a nivel global. Veamos. En Ucrania la gente salió a la calle para protestar contra un gobierno que los llevó a la quiebra económica y política y les niega el derecho de buscar nuevas alternativas de progreso como liberarse del yugo -cuasi colonial- de Rusia y acercarse de la Unión Europea. El movimiento comenzó en noviembre pasado y se fue ampliando cuando su presidente Víktor Yanukóvich desatendió compromisos europeos bajo la presión de Moscú con Vladimir Putin a la cabeza y sus promesas de fondos ilimitados para pagar las deudas del país. Furiosos los ucranianos opositores se amontonaron en Maidan (la Plaza de la Independencia en Kiev) y obligaron la salida de Yanukóvich con saldo de muchos muertos. Sin embargo la huida del Presidente indeseado en vez de aportar alegría incrementó temores y dudas. Y por razones válidas. Entre otras el miedo de tener que declararse en bancarrota, con una moneda que a diario pierde su valor y vivir en un país violentamente dividido entre prorusos al este y proeuropeos al oeste, con serias posibilidades de una separación. ¿Qué les queda por hacer? Acudir a expolíticos desgastados como Yulia Timoshenko, ícono de la revolución naranja (2004) pero recién liberada de prisión a donde pasó años bajo el cargo de amasar fortunas durante su permanencia en el poder. Entretanto, Europa reconoce que Ucrania no está lista para integrar la Unión Europea y que solamente le proporcionaría una ayuda de 1,5 mil millones de dólares para pagar sus deudas. Estados Unidos prometió entregar mil millones. Y Moscú hace la oferta inigualable de 50 mil millones de dólares. La deuda ucraniana se eleva a 35 mil millones. Obviamente Rusia sigue mandando la parada en Ucrania y la tristeza de quienes aspiran a liberarse de su yugo tiene su razón de ser.En Egipto la amargura y la resignación se reflejan en todo análisis sobre la situación del país. La expulsión del presidente Mohamed Morsi en junio pasado de su cargo fue solicitada por millones de egipcios que no querían que este miembro de los Hermanos Musulmanes y su partido los gobiernen. Un año les bastó para darse cuenta que el islamismo y las leyes islamistas que pretendió imponer no les convenían y que su ineptitud los estaba llevando a la ruina y al oscurantismo. El levantamiento popular contra Morsi fue atendido por el ejército y su expulsión se cumplió. Sin embargo desde su partida el país sigue a la deriva. Por una parte por las protestas de quienes votaron por Morsi en el 2012 y sintieron que su participación democrática fue burlada. Y por otra parte porque los militares tampoco saben manejar al país y hasta el momento nadie conoce su programa de gobierno. Y eso a pesar de la enorme popularidad de su líder Abdel Fattah al-Sisi, quien se perfila como seguro ganador en las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en un futuro próximo.Y en Venezuela, nuestro querido vecino, la situación no está para reír o festejar. Triste ver un país dotado de riquezas infinitas pero sumido en la quiebra, las escasez y la inseguridad por culpa de gobernantes dictatoriales negados a todo cambio. Para ellos la democracia es fascismo y todo opositor es un traidor. Un índice quizás ayude a levantar el ánimo de los agobiados venezolanos y es el súbito reconocimiento mundial de sus problemas y de aspiraciones. Sin duda no lo suficiente para devolverles la confianza y la alegría que necesitan.

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