Rabin, 20 años

Noviembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

El 4 de noviembre de 1995 el Primer Ministro laborista (izquierda) Yitzhak Rabin fue asesinado durante una manifestación pro paz en Tel Aviv por el extremista religioso judío Yigal Amir. El motivo: interrumpir de manera definitiva y violenta su política decidida a llegar a la paz con los palestinos árabes. La muerte de Rabin fue lamentada en todo el mundo. Personalmente me afectó sobremanera. Primero porque admiraba el recorrido militar y político de este hombre excepcional y luego porque, en medio de mi modesto ajetreo periodístico, tuve el honor de conocerlo y entrevistarlo en el verano del año 1977 en su oficina en a Knesset (Parlamento) en Jerusalem. Acababa de renunciar a su cargo de Primer Ministro (por culpa de un absurdo escándalo financiero) permitiendo que el partido opositor y conservador Likud, encabezado por Menajem Begin, llegara al poder por primera vez en Israel. Mi tarea -encomendada por El Tiempo de Bogotá- me llevó a entrevistar a Rabin, Begin y otros protagonistas del importante suceso.Recuerdo que en mi cita con Rabin noté y me sorprendió la gran austeridad -cuasi pobreza- de su oficina. Luego su persona: muy sencillo, amable, tímido y dispuesto a colaborar -contrastando con la típica arrogancia israelí. Y fumando todo el tiempo. Además no parecía afanado y la entrevista duro más de una hora durante la cual me habló en condición de orgulloso ‘sabra’ (nativo de Palestina), de su niñez, su adolescencia como miembro del Palmach (las juventudes armadas que luchaban contra el mandato británico), sus estudios en agricultura en las que se distinguió pero abandonó para abrazar una carrera militar, sus responsabilidades como general, sus desempeños como Jefe de Estado Mayor y arquitecto de la Guerra de los Seis Días en 1967, su estrategia de rescate para la espectacular Operación Entebbe en la Uganda de Idi Amín, su desempeño estelar como embajador de Israel en Estados Unidos consiguiendo que las relaciones entre los dos países se consolidaran para siempre y finalmente sus logros como Primer Ministro, un cargo que ocupó desde 1974 y registró la firma de un Acuerdo Interino en el Sinaí (en 1978 desembocó en el acuerdo de paz con Egipto) y la paz con Jordania.Rabin volvió a asumir el cargo de Primer Ministro en 1992 hasta su asesinato en 1995. Durante este periodo concentró sus esfuerzos a hacer la paz. Su cercanos revelan que siempre quiso deshacerse de los ‘territorios’ capturados en la Guerra de los Seis Días y devolverlos a cambio de la paz. “Tierra por Paz”, era su lema. Con el escurridizo Yasser Arafat negoció hasta el agotamiento y llegó a los acuerdos de Oslo y el apretón de mano histórico en los jardines de la Casa Blanca. Pero en Israel la gente ya estaba dividida en campos hostiles respecto a la paz: por un lado quienes aprobaban las ideas de Rabin, dispuestos a grandes sacrificios para lograrla, y del otro los mesiánicos del Likud quienes desconfiaban totalmente del proceso de paz alegando pruebas como la ‘Intifada’ y otras rebeliones violentas palestinas y soñadores de un Gran Israel. Nuevas elecciones generales se habían programado para el año 1996.Las campanas de ambos bandos llegaron a tales excesos retóricos que incitaron al asesinato de Rabin en aquel fatídico 4 de noviembre de 1995. Desde entonces 20 años pasaron sin encontrar solución de paz entre palestinos e israelíes. Qué clase de político era realmente Rabin, ¿un duro o un blando?, se preguntan los analistas. “Ni lo uno ni lo otro”, dice su hija Dalia Rabin quien lo conoció mejor que nadie. Era simplemente un pragmático que se negaba a caer en extremos y un honesto que rechazaba la mentira. Y hace mucha falta.

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