“¿Qué es efímero?”

Agosto 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

La presentación de la película ‘El Principito’, adaptada de la novela de Antoine de Saint Exupery, en el Festival de Cannes volvió a poner de moda (furor) el libro publicado a principios de los años 40, en plena Segunda Guerra Mundial y que en términos sencillos y poéticos -destinados a una audiencia infantil- puso en evidencia el absurdo comportamiento de los adultos frente a la espontánea inocencia, inteligencia y sentido común de los niños. Catalogado como uno de los tres libros más leídos del mundo y traducido en 250 idiomas y dialectos, ‘El Principito’ terminó convirtiéndose en lectura obligada para grandes y pequeños a la hora de hablar de humanidad. Recuerdo que mi profesor de filosofía recomendaba conservarlo en la mesa de noche, como una biblia, y consultarlo cuando sentimos malestar existencial, agobiados por los odios y las violencias de nuestro entorno. La lectura y reelectura de ‘El Principito’ es una buena manera de repensar el mundo; de ponernos en el buen camino en términos de convivencia y amor al prójimo. Con la seguridad de que cada lectura se enriquece de significados inéditos y de una interpretación diferente sobre la soledad, el amor, la amistad, y otros sentimientos profundos que afloran en cada una de sus páginas, inundadas de magia y poesía. De modo que volví a comprar el famoso librito y lo leí dos veces seguidas, sorprendida de que en la segunda me pareció percibir aún más claramente su intención y mensaje.Como bien lo saben, ‘El Principito’ cuenta la historia de un aviador varado en pleno desierto y con pocas reservas para sobrevivir; se encuentra con un niñito de pelo rubio dorado y risa contagiosa, vestido de manera estrafalaria y que por toda presentación o saludo le dice: “Por favor... dibújeme un cordero”. Ilustraciones del mismo Saint Exupery acompañan el libro y nos familiarizan con el físico de sus protagonistas. Ambos caídos del cielo: el aviador, de su avión, y el principito, de su pequeño planeta o asteroide. Por medio de preguntas y respuestas penetramos en sus corazones y sus mundos y meditamos sobre temas importantes como la vida, la muerte, la amistad y el amor -además de las cosas absurdas que los adultos se inventan mientras envejecen-. El principito pregunta: ¿Qué es efímero? ¿Eterno? ¿Amor que implica responsabilidad y protección? ¿Amistad que implica amaestramiento y comprensión? ¿Niñez? ¿Vejez? ¿Viajar y moverse? ¿Acaparar bienes materiales? ¿Doblegarnos ante la consigna? Ahogarnos en la rutina y todo lo que nos ocupa y preocupa para llegar a la conclusión que “detenerse es morir”. Y la moraleja de que solamente si logramos cumplir un papel, aunque mínimo en favor de la humanidad, podemos vivir en paz, y morir en paz. Según ‘El Principito’, lo que da sentido a la vida, da sentido a la muerte. Y “Uno solo ve con el corazón... lo esencial es invisible para los ojos”.En cada línea, cada palabra de ‘El Principito’, su autor Saint Exupery nos exhorta a conquistar nuestra humanidad. Habitar el mundo no como una presencia adicional en medio de la maldad, el fanatismo, el racismo, la corrupción o el materialismo a ultranci, sino como un guardián de los valores espirituales y las herencias culturales y aportando nuestro grano de arena para fabricar un mundo mejor, centrado en lo esencial. “Sea un hombre (un humano) y haga lo que le dé la gana”. Es el leitmotiv que se desprende de este pequeño libro encantado y encantador. También intemporal; por consiguiente, siempre moderno. Y leerlo, releerlo y volverlo a leer.

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