Qatar al banquillo

Qatar al banquillo

Julio 13, 2017 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

¿Qué es Qatar? Uno de los países más pequeños del mundo pero también de los más ricos e influyentes. Su superficie no supera los 11 mil kilómetros cuadrados (la mitad del Valle) y su población se estima en 2 millones y medio. Sin embargo, su riqueza es inmensa y proviene toda de yacimientos petroleros y gasíferos que le permiten ostentar el más alto ingreso per cápita del Planeta, 140 mil dólares (¿será posible?). Tanta riqueza fue adquirida en poco tiempo -desde que el país se independizó de Gran Bretaña en 1971 y utilizó su bonanza energética a manos llenas para ganar poder. Ahora Qatar está en todo.

En el exterior posee edificios y hoteles de prestigio, equipos de fútbol como el París Saint German en Francia; la compañía aérea ‘Qatar Airways’, que es bandera nacional del súper lujo. Además patrocina la importante cadena de noticias Al Jazeera (La Isla) que defiende una línea política particular. Y no olvidemos que en el año 2022 será sede del Mundial de Fútbol que le fue adjudicado tras sospechosas negociaciones.

Qatar, fuerte e influyente, irrita a los países árabes de la región. Arabia Saudita no parece soportar que la monarquía de Tanim Bin Hamad al Thani en Doha desafíe su tradicional liderazgo entre los países del Golfo. Egipto, que a pesar de sus problemas aún se considera líder del mundo árabe sunita por ser el más poblado y fuerte militarmente, se siente agredido.

Fue entonces, hace unas seis semanas cuando estalló la crisis y cinco países árabes (Egipto, Arabia Saudita, Emiratos, Yemen y Bahrein) rompieron relaciones diplomáticas con Qatar decretando sanciones en su contra. Luego, elaboraron una lista de exigencias a cambio de una reconciliación que incluye, entre otros, que Doha deje de patrocinar a los grupos terroristas de los hermanos musulmanes con presencia en Egipto, Bahrein, Libia y Siria; a los de Hamas en Gaza y a los talibán en Afganistán. También exigen que Qatar renuncie a colaboraciones con Irán, con el que comparte uno de los mayores yacimientos de gas del mundo, y con Turquía, que posee una base militar en el país qatarí. Por otra parte insisten en el cierre de Al Jazeera porque, según ellos, divulga falsas noticias.

Qatar rechazó las exigencias pero quedó aislado y lastimado. Pese a su riqueza energética, no produce absolutamente nada e incluso su comida proviene del exterior, principalmente de los países árabes vecinos. Por el momento Irán y Turquía (países que se detestan) le ayudan con el envío de toneladas de alimentos frescos y otros productos de primera necesidad, en espera de la normalización de la situación.

Lo cierto es que Doha practica una política plagada de contradicciones y difícil de entender. Es amiga de Irán que busca imponer la supremacía del islam chiíta sobre los musulmanes sunitas que son mayoría, y también es amiga de la Turquía sunita, que ambiciona ser líder del Islam mundial por medio de un califato inspirado por el imperio otomano, lo que enfurece a Arabia Saudita que se considera el líder legítimo del islam sunita y lo defiende en guerra en Yemen, pero allá se enfrenta con los rebeldes chiítas hutíes que Qatar apoya.

La crisis con Qatar preocupa a los Estados Unidos porque dificulta la formación de la coalición árabe soñada por Washington para vencer al Estado Islámico. Y pone en peligro la base militar de 10 mil soldados que los norteamericanos mantienen en Qatar, así como otra base naval en Bahrein; dos países en plena confrontación. Por eso el Secretario de Estado, Rex W. Tillerson, viajó de inmediato a la región para solucionar el problema.

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